Las inquitantes sensaciones de la escultura hiperrealista

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Recorrer la sala BBK del Museo de Bellas Artes de Bilbao es sumergirse en un torbellino de sensaciones inquietantes. De mirar y no dar crédito. La exposición ‘Escultura hiperrealista 1973-2016′ acerca al visitante un apasionante viaje por la figuración humana a lo largo de los más de 50 años de existencia del hiperrealismo. Una exitosa muestra que recoge una selección de 34 esculturas de los 26 artistas más representativos del movimiento.  / Texto y fotos: Carmen Pastor / StylusArt /

Se trata de la primera muestra dedicada a estudiar la evolución de la escultura hiperrealista. Una antología que no fue fácil de montar pues necesitó la negociación de préstamos de colecciones de todo el mundo. Un ambicioso proyecto que ha tardado dos años en cuajar. Pero la espera ha valido la pena. El Museo de Bellas Artes de Bilbao  ha conseguido reunir en una misma sala a los padres del hiperrealismo y a las generaciones que les siguieron.

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La selección arranca con los pioneros norteamericanos de los años 70, herederos del arte pop, como George Segal, Duane Hanson y John DeAndrea. Continúa con la difusión internacional del movimiento con obras  del español Juan Muñoz, Premio Nacional de Artes Plásticas en el año 2000, el italiano Maurizio Cattelan o la belga Berlinde de Bryuckere. Y alcanza también a artistas más jóvenes, como el australiano Sam Jinks, que demuestran la vigencia del hiperrealismo.

hombrecartonesLa aproximación a la figura humana, común en todas las obras, se aborda desde distintas perspectivas y técnicas artísticas. Y según la utilización de unas u otras la interpretación de la realidad resulta más o menos fidedigna. Aunque en palabras del hiperrealista Ralph Goings: “Se trata de una copia, no dela la realidad en sí, y su meta es crear ilusión, no engañar”. Una ilusión de realidad abordada desde una perspectiva contemporánea que, en muchas esculturas, incluye elementos de crítica social. En otras, gana fuerza la intención de provocar, de causar incomodidad en el espectador, como ocurre con algunos de los desnudos femeninos.

Gran parte de las obras parten de técnicas tradicionales, como el modelado, el fundido y la pintura. Y muchas usan materiales como la silicona, que permite dotar a las piezas de una apariencia y color muy similares a la piel humana y que, además, admite la inserción de pelo real y la representación de venas, arrugas, manchas o pecas. Un buen ejemplo es la impactante ‘Woman and child’ (2010) de Sam Jinks. En este caso, como en varias piezas más de la exposición, la convincente apariencia de realidad es superior a otras figuras porque están modeladas a tamaño natural.

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Para conseguir figuras humanas de proporción real, muchos escultores modelan a partir de moldes de fibra de vidrio y resina de poliéster obtenidos de modelos de carne y hueso, que después se complementan con ropa y accesorios. Otros, como John DeAndrea o Paul McCarthy, utilizan moldes de yeso, también a partir también de modelos reales, que luego trabajan en fibra de vidrio y otros materiales sintéticos. De una forma o de otra, todas las obras destilan una enorme precisión técnica, que consigue generar en el espectador un efecto de réplica.

Aunque en la muestra también hay esculturas que rompen la escala real, que juegan con las proporciones, y no por ello impresionan menos,. Es el caso de ‘Ordinary Man’, de Zharko Basheski, la cíclope figura que irrumpe rompiendo el suelo y que ha sido elegida para dar la bienvenida al público en el hall del museo.

Más allá del tamaño de cada obra, de si representa el cuerpo entero o sólo una parte de ella, el magnetismo de gran parte de las esculturas de la exposición reside en los pequeños detalles, como las gotas de agua que, por ejemplo, cubren la cara de ‘General’s Twin’, la nadadora de Carole A. Feuerman.

La exposición ha sido organizada en colaboración con el Instituto para el Intercambio Cultural de Tubinga (Alemania), que ya presentó una muestra dedicada a la pintura hiperrealista en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid en 2013, y comisariada por el director de la institución, Otto Letze.  En Bilbao se exhibe hasta finales de septiembre. Después, la muestra viajará a México, donde se expondrá en el Museo de Monterrey hasta enero de 2017, y luego a Copenhague (Dinamarca), donde permanecerá hasta agosto de ese año.

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