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	<title>GlobalStylus &#187; RAFA SALOM LIZAMA @rafa_onelife</title>
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	<description>Magazín de ámbito global con información sobre vinos, viajes, gastronomía, náutica, motor y cultura.</description>
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		<title>La Plaza de Yamaa el Fna, Marrakech: la Plaza más bonita de África (y 2)</title>
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		<pubDate>Sun, 03 Jul 2016 19:39:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[RAFA SALOM LIZAMA @rafa_onelife]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Después de presentar la Plaza de Yamaa el Fna, de Marrakech, en esta segunda entrega el viajero propone disfrutarla desde las alturas, a través de las terrazas de sus cafés y restaurantes, y descubrir otro de sus grandes tesoros, las decenas de zocos organizados por oficios a los que se accede por calles laberínticas y llenas de vida. Además, el autor nos recomienda algunos de sus lugares favoritos de la ciudad y también el libro que le animó a conocer Marruecos </strong>/ En la imagen superior: Zoco de las pieles / Foto: <strong>Gilbert Sopakuwa</strong> /</p>
<p>La oferta de alojamiento en <strong>Marrakech</strong> es muy variada, especialmente si se busca un precio medio. También dispone de numerosos <em>riads</em> (antiguos palacetes o viviendas tradicionales -muchas veces regentados por los propios dueños- reconvertidos en hoteles con espectaculares patios interiores) a precios razonables. En lo que respecta ésta, mi primera visita a Marruecos, mi acompañante y yo encontramos habitación en el tercer hostal al que entramos. Estamos en una de las callejuelas que desemboca en la Plaza de Yamaa el Fna, que desde ahora será simplemente la <em>“Place”</em>, en el <strong>Hostal Afriquia</strong>. El hotel es modesto y en el patio, adornado con teselas y pequeños azulejos de color claro, retumban ecos franceses e italianos. En la habitación, más sobria que la celda de un convento, pero con un frescor a menta que resucita, se escucha el zumbido que según nos dicen no proviene de la marabunta de la plaza, sino de los moradores invisibles de las miles de galerías, pasadizos subterráneos y caminos secretos que fueron construidos en la Medina hace siglos y de los cuales no existen mapas ni entradas conocidas, pero que son utilizados a diario para transportar mercancías que se expondrán a la mañana siguiente.</p>
<p>Tiene una terraza espléndida desde la que se ve la plaza y en la que muchos extienden sus mochilas para dormir al raso que, por otra parte, es la forma más económica y agradable de hacerlo. El aire, que es por primera vez un poco más fresco, deja en suspensión las virutas que salen de los fogones de los puestos de comida, mezcladas con el humo de tabaco de shisha y de briznas de azúcar y pimienta, canela y menta.</p>
<div id="attachment_19031" style="width: 670px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2016/07/21PlazaYamaa.jpg"><img class="size-full wp-image-19031" alt="La Plaza de Yamaa el Fna, Marrakech: la Plaza más bonita de África" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2016/07/21PlazaYamaa.jpg" width="660" height="440" /></a><p class="wp-caption-text">Panormámica de la Plaza de Yamaa el Fna de día. Foto: Rafa Salom</p></div>
<p><strong>Disfrutar de la Plaza de Yamaa el Fna desde las terrazas</strong></p>
<p><em>&#8220;El cielo aquí es muy extraño. A veces, cuando lo miro, </em><br />
<em>tengo la sensación de que es algo sólido, allá arriba, </em><br />
<em>que nos protege de lo que hay detrás&#8221;.</em><br />
<strong>Paul Bowles</strong>, <em>El cielo protector</em></p>
<p>Esta frase, que <strong>Paul Bowles1</strong> pone en boca de uno de los personajes en <em>El cielo protector</em> (1956), define lo que para el autor de esta crónica es un elemento fundamental del viaje por Marruecos: un cielo vivo que se convierte en un compañero más de la travesía por tierras marroquíes, como un mar sólido que actúa y protege al que lo contempla. Por todo ello, es aconsejable pararse a contemplarlo con calma. Y no solo una, sino muchas veces.</p>
<p>Quien quiera disfrutar de las vistas de la plaza puede acceder a las decenas de cafés o restaurantes que la rodean para hacerlo, donde bastará pedir un café o un refresco, aunque en algunos es obligatorio pedir algo de comer. Tres lugares que recomiendo son el <em><strong>Resturante Toukbal</strong></em>, la terraza de <em><strong>Le Grand Balcon du Café Glacier</strong></em> (desde donde se divisa la entrada al desierto del Sahara) y el mítico <em><strong>Café de France</strong></em>, todavía decorado como en los años cincuenta, cuando Marruecos estaba transitado por espías, fugados y escondidos de la II Guerra Mundial. Si se quiere disfrutar no solo de la plaza, sino de la visión panorámica de toda la Medina se puede visitar el barrio de Gueliz, conocido como el barrio europeo, y contemplar toda la Avenida Mohammed V. Cualquier de estos lugares es magnífico para contemplar la puesta del sol y disfrutar de la caída del astro más puntual de la tierra.</p>
<p>A las cinco de la mañana, como cada día, nos despierta la llamada a la oración. La primera impresión es de estremecimiento, ya que no esperaba que se escuchara tan alto, aunque más tarde el sentimiento se transforma en respeto. La llamada que escuchamos surge del muecín de la Mezquita de Kutubía, también conocida como la mezquita de los libreros (Kutub significa libro) pero rápidamente se entrelaza con las llamadas de otras mezquitas más pequeñas, y eso hace pensar que todos los habitantes de este barrio y más tarde de esta ciudad escuchan el mismo llamamiento, y aunque sea durante unos minutos se produce la inevitable comunión de una comunidad, que detiene el mundo durante unos segundos para concentrarse en lo más profundo de sus creencias.</p>
<div id="attachment_19027" style="width: 670px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2016/07/25En-el-zoco.-AliJorcat.jpg"><img class="size-full wp-image-19027" alt="La Plaza de Yamaa el Fna, Marrakech: la Plaza más bonita de África" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2016/07/25En-el-zoco.-AliJorcat.jpg" width="660" height="440" /></a><p class="wp-caption-text">Foto: Ali Jorcat</p></div>
<p><strong>Marrakech, la ciudad de los zocos</strong></p>
<p>La mañana le otorga a la plaza una apariencia fría, como de recién despertada, como si se tratara de la plaza mayor tras la feria del pueblo, con el suelo lleno de banderines, confeti, postales y trocitos de papel de oro, a la espera de que, como cada nuevo día, lleguen las cinco de la tarde y los tenderetes de comida comienzan a hacer su aparición y la plaza vuelva a bullir de actividad. Éste es otro de sus atractivos que nos ofrece: la posibilidad de pasearla a diferentes horas del día y encontrar siempre algo distinto.</p>
<p>De camino al <em><strong>Zoco Smata</strong></em>, conocido como el zoco de los curtidores y las babuchas, nos dejamos seducir por un guía flaco y espabilado que nos promete el mapa secreto de las tenerías o curtidurías, lugar donde se trabaja la piel de vaca, cordero, camello, búfala o cabra. <em>&#8216;Me gusta España, mi hermano en Córdoba&#8217;</em>, nos dice. Se llama Ahmed, y de inmediato se gana la propina por sus explicaciones meticulosas y divertidas. Este zoco está situado al norte de la plaza y se llega atravesando callejuelas en las que desaparece el clic-clic de los turistas y sólo son transitadas por ancianos y jóvenes del barrio que van de uno en uno, con bolsas de plástico, bandejas repletas de vasitos de té, platillos de dulces, o guiando a unos burros cargados con todo tipo de materiales.</p>
<p>Para llegar hasta aquí hay que atravesar varios callejones de ésos que cuando parecen terminar se doblan en caprichoso ángulo recto, y así tres o cuatro veces. El ocre de las casas se mezcla con el azul sedoso de las telas que atraviesan las calles, el blanco del Atlas con el tostado de las construcciones andalusíes, y así ocurre en el zoco de los carpinteros, en <em><strong>Zoco Chouari</strong></em>, el de los cesteros y los torneros de madera, el <em><strong>Zoco de los Haddadine</strong></em>, el de los ferreteros, en el de los tintoreros. Huele a cuero y a agua fresca, a billete usado y a dátil, a vainilla y a miel. Colores que se huelen, olores que se ven.</p>
<div id="attachment_19029" style="width: 670px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2016/07/27Vecinos-de-la-plaza-tomando-te-Comsance1912.jpg"><img class="size-full wp-image-19029" alt="La Plaza de Yamaa el Fna, Marrakech: la Plaza más bonita de África" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2016/07/27Vecinos-de-la-plaza-tomando-te-Comsance1912.jpg" width="660" height="440" /></a><p class="wp-caption-text">Foto: Comstance</p></div>
<p>Al entrar en una de estas fábricas de pieles el que se presenta como jefe nos entrega una ramita de menta para que aguantemos mejor el fuerte olor a caca de vaca, así de claro. Es un tipo desgarbado y bajito que nos habla de fútbol y nos entrega las credenciales de todo buen comerciante: Todo a mano, trabajo muy duro, muy duro. Nos cuenta las diferencias de las diferentes clases de piel y sus tratamientos.</p>
<p>Después de la primera lavada, a las pieles les espera un buen baño de excremento de vaca, o de paloma en el mejor de los casos. Y añade con naturalidad que son las mujeres las que se dedican a buscar este particular y reputado material. Se pasa después a la fase del prensado y del curtido. Un cometido duro, sobre todo por las horas que hay que dedicar pisando y escurriendo la piel dentro de los barreños excavados en plena roca, caliza y humeante, donde se colocan los trozos una y otra vez. Es como el chafado de la uva pero cambiando la vid por un pellejo sulfuroso y vivo que suplica aire en cada ahogamiento. Duro, muy, muy duro, quitar impurezas, suciedad, así mejor calidad, dice. El estirado de las pieles deja paso a una nueva limpieza de las impurezas: después se estiran nuevamente las piezas y se dejan secar. Tiene que pasar al menos dos semanas hasta que se les dé color -utilizan páprika para teñir de rojo o el añil para el azul-, y casi igual para que después de absorbido el tinte, puedan plegarse a los deseos de los compradores al por mayor, reservado para los comerciantes locales.</p>
<p>Conviene recordar que tras mostrar el funcionamiento de cualquier trabajo artesanal, ya sea con pieles o con piezas de barro, el guía invitará a un té y dejará al visitante con los propietarios de su tienda que le sacaran sus mejores productos. En este momento bastará la decisión de comprar o no del visitante. Y en este punto basta hacer una consideración: el regateo es obligatorio. Es más, no regatear se considera una falta de educación, así que el viajero experimentado no preguntará por el precio de un objeto si no tiene intención de regatear. A excepción de que ésta, claro está, sea parte de su técnica (que requiere mucha experiencia).</p>
<p><strong>Otros puntos de gran interés para visitar son la Madrasa de Ben Youssef (escuela coránica con bellos mosaicos y techos de madera); las Tumbas Saadíes y la Maison de la Photographie.</strong></p>
<p>Aunque Marrakesh recibe cada año miles de visitantes, no está de más recordar que el consumo de alcohol está muy mal visto, y hacerlo por la calle está absolutamente prohibido, así que solo se podrá hacer en ambientes privados y muy reservados, o en hoteles y restaurantes frecuentados por extranjeros; así, es posible disfrutar de una copa de vino marroquí en el <em><strong>Kosybar Restaurant</strong></em>. Existen centenares de opciones de ocio y personalmente recomiendo el <em><strong>Churcill Bar</strong></em>, del <em><strong>Hotel La Mamounia</strong></em> donde cada noche hay jazz en directo, el ambiente <em>chillout</em> de la terraza del <em>Möi</em> y el cuscús del último piso del <em><strong>Hotel Islane</strong></em>. Para los que quieran asistir a un espectáculo de danza del vientre -básicamente dedicado a los turistas- lo podrán encontrar en el <em><strong>Comtoir Darna</strong></em>, o en restaurantes con espectáculo como el <em><strong>Jad Mahal</strong></em>, <em><strong>Le Marrakechi</strong></em> o <em><strong>Le Yanjia</strong></em>.</p>
<div id="attachment_19030" style="width: 670px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2016/07/28RafaMarrak.jpg"><img class="size-full wp-image-19030" alt="La Plaza de Yamaa el Fna, Marrakech: la Plaza más bonita de África" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2016/07/28RafaMarrak.jpg" width="660" height="337" /></a><p class="wp-caption-text">El autor en La Place</p></div>
<p><strong>Una Plaza Yamaa el Fna nueva cada día</strong></p>
<p>De vuelta a la <strong>Plaza de Yamaa el Fna</strong> -Declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2001- a eso de las diez, el tránsito de bicicletas y de las motos anuncia que comienza de nuevo otra jornada de actividad frenética. Cerca la entrada de la Medina están los mauritanos, con sus ungüentos medicinales, con sus salamandras y lagartos enjaulados, con sus dientes y colmillos de serpientes, escorpiones y arañas; con el muérdago o <em>&#8220;viagra&#8221;</em> bereber, con sus remedios para la alopecia y la jaqueca.</p>
<p>Poco a poco empiezan a llegar los primeros buscavidas, los cantantes, los dentistas callejeros, los acróbatas, los encantadores de serpientes que se disputan los mejores lugares y los grupos de bereberes cuya única razón es estar allí y dejarse ver, cantar, bailar y sonreír, rodeados por un mar de gente que les observa encantados, una y otra vez, como si no les hubiera visto nunca.</p>
<p>Aquí, en un puestecillo de especias, ungüentos medicinales y aderezos mágicos, un pequeño asteroide dentro del universo del zoco, justo en el centro de la selva de olores que buscaba, entre cientos de kílim y rostros siempre distintos, huele a menta y a carne asada, a pan recién horneado, a madera mojada, a azahar, a pesas oxidadas y estaño. Flanqueado por pergaminos del sura islámico, juegos de teteras, aparatos de radio y cacerolas, uno se da cuenta de que ha caído de nuevo bajo el encanto de la Place. No hay nada que hacer, sólo mirar y dejarse llevar. Es tal la amalgama de ruidos y aromas que sobran las palabras. El espectáculo está servido. Empieza de nuevo el circo de la vida. Aquí, en la Plaza Yamaa el Fna, la más bonita de África.</p>
<p>Dedicado a Fidel Masreal.</p>
<p><strong>1 Nota del Autor</strong>: Paul Bowles, escritor, compositor y, sobre todo, viajero (1910-1973), llegó a Tánger con veintiún años y se quedó tan fascinado con Marruecos que vivió aquí la mayor parte de su vida. En esta ciudad ejerció de cicerone a varios escritores de la llamada Generación Beat, como William Burroughs, Jack Kerouac y Allan Ginsberg, y otros como Truman Capote o los Beatles. Sus obras El cielo protector (1949) o Déjala que caiga (1952), ambientados en este país ayudaron a descubrir estos paisajes a través de la literatura.</p>
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		<title>La Plaza de Yamaa el Fna, Marrakech: la Plaza más bonita de África (1/2)</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Jun 2016 19:06:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[RAFA SALOM LIZAMA @rafa_onelife]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[El autor de este reportaje visita Marrakech, ciudad situada en pleno centro de Marruecos y puerta del desierto del Sahara, y en esta primera entrega nos descubre la Plaza de Yamaa el Fna: un lugar que había idealizado e incluso soñado durante muchos años después de algunas incursiones literarias y cinematográficas. Tal vez por ello, [&#8230;]<div class='yarpp-related-rss'>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El autor de este reportaje visita Marrakech, ciudad situada en pleno centro de Marruecos y puerta del desierto del Sahara, y en esta primera entrega nos descubre la Plaza de Yamaa el Fna: un lugar que había idealizado e incluso soñado durante muchos años después de algunas incursiones literarias y cinematográficas. Tal vez por ello, en este primer recorrido por este lugar mágico donde descubre la Plaza, se mezclan el aroma a cuscús, cuero y especias y hace que, el conocido como el &#8220;restaurante al aire libre más grande del mundo&#8221; valga, como dijo Oscar Wilde, la mayor de las alegrías.</strong></p>
<p>El nombre con el que los primeros bereberes fundaron la actual <strong>Marrakech</strong> en 1062 fue <em>Marroukech</em>, que significaba “vete deprisa”, ya que pensaron que nadie en su sano juicio sería capaz de permanecer aquí más que lo imprescindible, por el terrible viento del desierto que azotaba sus tierras, que se consideraba maligno, y por lo inhóspito de un lugar que mucho tiempo después sería el paso obligatorio hacia el África negra de caravanas de esclavos y mercaderes de oro, seda y especies, que la convertirían en la joya de la corona de Marruecos, por aquel entonces todavía inexistente. Siglos más tarde, la ciudad, que había nacido como un campamento del ejército bereber, pasó a denominarse <strong>Marrakech</strong> o &#8216;Tierra de Dios&#8217;.</p>
<div id="attachment_18896" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2016/06/2-Plaza-Yamaa-el-Fna-Keirn.jpg"><img class="size-medium wp-image-18896" alt="La Plaza de Yamaa el Fna, Marrakech: la Plaza más bonita de África (1/2)" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2016/06/2-Plaza-Yamaa-el-Fna-Keirn-300x225.jpg" width="300" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">Un grupo de músicos en la Plaza Yamaa el Fna. Foto: Keirn</p></div>
<p>El color de la ciudad es el rojo (así como el verde es el color de Fez y el azul el de Rabat), que cubre plazas y calles, y que la tradición atribuye a la sangre que salió de la tierra cuando alguien mandó clavar desde el cielo la Mezquita de Kutubía en lo que hoy es puerta de la Medina. Algunos sostienen que los testigos de aquel milagro fueron caminando hacia atrás hasta que la lejanía de sus pasos les permitió observar la inmensidad de su alminar al completo. Mi teoría es que lo que de verdad hicieron fue buscar la distancia en la que se alineaban la Kutubía -que según nos cuentan tiene dos gemelas, la Giralda de Sevilla y la Hassan de Rabat-, el horizonte del Alto Atlas, la puesta del sol del Sahara y el cuarto punto cardinal desde donde se veía, hasta formar la armonía perfecta, para provocar la envidia más grande del mundo. <strong>Así nació la plaza más bonita de África, la Plaza de Yamaa el Fna.</strong></p>
<p>Y es que este espacio, que en el pasado también se llamó <em>&#8220;la exposición de los difuntos&#8221;</em> o la <em>&#8220;asamblea de la aniquilación&#8221;</em>, ya que aquí se exponían las cabezas cortadas de los reos ajusticiados, tiene una extensión que supera la de dos campos de fútbol, con sus faroles de queroseno y su aspecto humeante, es visible desde el cielo, cuando el avión inicia la maniobra para aterrizar. Cuando llegué a Marrakech por primera vez eran las once de la noche y la temperatura rondaba los treinta grados. El aeropuerto, sobrio y silencioso, con pocos trabajadores a la vista, no difiere mucho a lo visto en el Indira Gandhi de Nueva Delhi o el Aeropuerto Internacional de Zurich: almas ansiosas que apenas pueden controlar el impulso de salir de allí lo antes posible y descubrir lo que les ofrece la ciudad. Son las ganas de calle. Sin intercambiar palabra con un taxista salvo el primer regate al precio de rigor, recorremos los primeros kilómetros hasta el centro de la ciudad, donde está la <strong>Plaza de Yamaa el Fna</strong>.</p>
<div id="attachment_18897" style="width: 245px" class="wp-caption alignright"><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2016/06/3-Aguador-Plaza-Yamaa-el-Fna.jpg"><img class="size-medium wp-image-18897" alt="La Plaza de Yamaa el Fna, Marrakech: la Plaza más bonita de África (1/2)" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2016/06/3-Aguador-Plaza-Yamaa-el-Fna-235x300.jpg" width="235" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Aguador bereber. Foto: Rafa Salom</p></div>
<p>El trayecto hasta el centro de la ciudad es corto, de apenas veinte minutos, pero lo suficiente intenso como para impregnarse del bullicio de las mobilettes y gileras desvencijadas y cargadas hasta los topes que se cruzan sin avisar por delante de nuestro impávido conductor, del trasiego de chilabas, burros, carromatos de fruta y lámparas de cobre y también el de los puestos de comida que forman parte de las calles desde no se sabe cuándo. La muralla que envuelve la medina es a estas horas ocre y tiende al marrón más huraño, pero sólo un poco antes, justo cuando cae el sol, paraliza a los que la ven al creerse los descubridores ilegales de un tesoro que nadie parece haber reclamado.</p>
<p>En la plaza bastan diez segundos para darse cuenta de que es inabarcable. Y no sólo con la vista, sino con los otros sentidos que automáticamente se ponen en funcionamiento por pura supervivencia. Cuando parece llegar al final se tuerce en caprichosos ángulos que, una vez visitados, provocan desconsuelo al visitante primerizo que más tarde se convertirá en desesperación si no entiende que no está perdido, sino inmerso en la rueda mágica de los creadores de la &#8220;Plaza&#8221;.</p>
<p>Bulliciosa, dicen, pero sólo si se la compara con la <em>Concorde</em> de París o la misma <em>Piazza Di Spagna</em> de Roma, y entendiéramos el bullicio como un despropósito. Pero la Place (como la llaman los marroquíes) adquiere su personalidad al cobrar vida el propio espacio, independiente de sus moradores, convertidos a su vez en calles, replacetas, e incluso monumentos andantes y vivos que varían cada día.</p>
<p>Está abarrotada por decenas de miles de personas que no paran de moverse, formando un hormiguero articulado y cambiante, cuya función particular es indispensable para la existencia del hormiguero, que es la plaza. Puede que por este aparente desorden que desconcierta a la mayoría de occidentales <strong>Alfred Hitchcock</strong> situara en este lugar el principio de la trama de su película &#8221;El hombre que sabía demasiado&#8221; (1956), e hiciera que <strong>James Stewart</strong> y <strong>Doris Day</strong> la atravesaran por la <strong>Medina Bab Doukkala</strong> para más tarde tener su accidentado encuentro con un espía.</p>
<div id="attachment_18903" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2016/06/4-Andy-Right-Plaza-Yamaa-el-Fna.jpg"><img class="size-medium wp-image-18903" alt="La Plaza de Yamaa el Fna, Marrakech: la Plaza más bonita de África (1/2)" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2016/06/4-Andy-Right-Plaza-Yamaa-el-Fna-300x225.jpg" width="300" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">Puesto de zumo de naranja. Foto: Andy Right</p></div>
<p>Aquí grupos de bereberes ataviados con sus trajes tradicionales cantan y bailan ante decenas de turistas que les miran curiosos y hasta temerosos. Palabra del desierto. El que parece el solista se dirige a todos en general y a cada uno en particular, provocando la sonrisa o el sonrojo, o la sorpresa, según la entonación de su canción o la mirada y el gesto inequívoco. Los más avezados saben que esto forma parte de la liturgia habitual, que pretenden conseguir con sus cantos hipnóticos que los espectadores se trasladen por unos segundos a ciudad de las Mil y una Noches, aunque esta plaza espléndida nada tenga que ver con Bagdad.</p>
<p>Hay otros bereberes, los que se proclaman auténticos, que lucen sus trajes rojos con ribetes dorados y llevan un sombrero capuchino y vasijas donde aseguran que almacenan agua sagrada. De vez en cuando hacen girar su sombrero, como un apéndice más de su cuerpo, lleno de figuras geométricas y formas de colores que visten para ahuyentar a los dijah, los diablillos del desierto y para librarse del mal de ojo.</p>
<p>A tan solo unos metros otro grupo que parece más alegre invita a bailar y a tocar algún instrumento al que pasa por ahí mientras besan la foto de dos novios que desde ayer son matrimonio. Como buenos amigos, celebran la unión y, de paso, te dicen que es absolutamente imprescindible recaudar fondos para la dote de la mujer. Castañuelas de metal, violín, laúdes, una guitarra flamenca, timbales, tambores de piel de dromedario y unas guitarritas que recuerdan al tres cubano y al ukelele.</p>
<div id="attachment_18899" style="width: 310px" class="wp-caption alignright"><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2016/06/6-Chiringuito-2-Plaza-Yamaa-el-Fna.jpg"><img class="size-medium wp-image-18899" alt="La Plaza de Yamaa el Fna, Marrakech: la Plaza más bonita de África (1/2)" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2016/06/6-Chiringuito-2-Plaza-Yamaa-el-Fna-300x210.jpg" width="300" height="210" /></a><p class="wp-caption-text">Puesto de pollo frito y patatas. Foto: Rafa Salom</p></div>
<p>Más allá están los encantadores de serpientes -a los que aconsejo no acercarse si se tiene miedo a los ofidios- para los que la palabra remordimiento no existe en el diccionario de la calle. Sólo así se explica que cacen ofidios venenosos, capen su ferocidad y se exhiban junto a ellos. A su lado están los que se disponen a hacerse un tatuaje con henna en los brazos o en las manos. Las tatuadoras insisten, a los chicos, un escorpión, a las chicas, una flor del Sahara. Otros van de foto en foto, primero con las terrazas de los cafés, luego con los aguadores, y luego con un burro atado a una farola, como si nunca hubieran visto a un animal así, sin darse cuenta de que olor a sardinas y a brochetas de pollo asado de los puestos de comida no entra a través del visor de una cámara. Color, cultura, negocio. También hay quien decide que quizá sea el momento, precisamente ahora, de descubrir hoy su mañana mediante las cartas y la lectura de manos.</p>
<p>Los puestos de zumo de naranja son famosos por su género y a decir verdad, es difícil negarse tras haber probado uno, a base de insistencia dialéctica y olfativa. Cuesta unos 3 dirham, es decir, unos 30 céntimos de euro, así que cuando acabas el primer vaso ya tienes otro en el mostrador, sin preguntar, claro. También hay música con los cedés colgando como si fueran cromos. Todos originales, dicen, para dar un valor añadido a una música que de momento no enamora.</p>
<div id="attachment_18895" style="width: 670px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2016/06/1-Plaza-Yamaa-elFna-Alexander-de-Leon-Battista.jpg"><img class="size-full wp-image-18895" alt="La Plaza de Yamaa el Fna, Marrakech: la Plaza más bonita de África (1/2)" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2016/06/1-Plaza-Yamaa-elFna-Alexander-de-Leon-Battista.jpg" width="660" height="294" /></a><p class="wp-caption-text">Vista nocturna de la Plaza Yamaa el Fna. Foto: Alexander de León Battista</p></div>
<p><strong>El restaurante al aire libre más grande del mundo</strong></p>
<p>En el centro de la plaza están los puestos de comida que se han empezado a montar a las cinco de la tarde y que aquí son los restaurantes de comida rápida. Brochetas de cordero y buey, calamares rebozados, pescaditos y patatas fritas, hogazas de pan y verduras asadas. Se sirve rápido. Pisto, pan caliente con sésamo y aceite de oliva, mejillones en vinagre, hígado de cabra y salazones varias. Se corre a la hora de despachar y se vuela al cobrar. Cada puesto tiene un encargado de atraer a los que pasean por este laberinto de chiringuitos donde los que trabajan aquí lucen orgullosos su gorro de cocinero y bata blanca.</p>
<div id="attachment_18898" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2016/06/5-Chiringuito-1-Plaza-Yamaa-el-Fna.jpg"><img class="size-medium wp-image-18898" alt="La Plaza de Yamaa el Fna, Marrakech: la Plaza más bonita de África (1/2)" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2016/06/5-Chiringuito-1-Plaza-Yamaa-el-Fna-300x185.jpg" width="300" height="185" /></a><p class="wp-caption-text">Puestos de comida en la Plaza. Foto: Rafa Salom</p></div>
<p>Los puestos de <strong>comida</strong> son humildes, con una gran parilla rodeada de grandes sartenes en el centro, sillas de plástico alrededor y faroles humeantes en las esquinas. Aquí hay de todo: cuscús, cabeza de cordero, caracoles&#8230; La mayoría están especializados en la fritura, aunque también es posible encontrar alguno que sirva un tajine: se trata del plato tradicional marroquí que se elabora en un recipiente de barro cocido o barnizado, con una tapa en forma cónica. Normalmente se cocinan los alimentos y después se va cociendo poco a poco, se tapa para que no se reseque (Existen de muy diversas clases: cordero con ciruelas, ternera o pollo con verduras, e innumerables combinaciones de verduras).</p>
<p>¿España? ¿Barça? ¿Real Madrid? ¡Hola, mon amí, me gusta España! ¡Barato, precio de patatas fritas, más barato que en el Carrefour! Son los comisionistas, los encargados de llevar a los visitantes a &#8220;su&#8221; puesto de comida, cada uno con su gracia especial, ya sean con sus idiomas, con magia, gestos o acrobacias. Jóvenes que casi nunca llegan a la veintena que se encuentran en cualquier parte la plaza y que despliegan sus abanicos de hoteles, expediciones, y demás vicios europeos a precios marroquíes. Comer, beber, comprar&#8230; La mayoría son tranquilos y si se les contesta sin la seriedad que se suponen se quedan despojados de su exceso verbal y que quedan perplejos, como si ellos fueran los únicos que pudieran hablar con el lenguaje de la plaza.</p>
<div id="attachment_18900" style="width: 310px" class="wp-caption alignright"><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2016/06/7-Supercar-RoadTrip-Plaza-Yamaa-el-Fna.jpg"><img class="size-medium wp-image-18900" alt="La Plaza de Yamaa el Fna, Marrakech: la Plaza más bonita de África (1/2)" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2016/06/7-Supercar-RoadTrip-Plaza-Yamaa-el-Fna-300x200.jpg" width="300" height="200" /></a><p class="wp-caption-text">Puesto de pinchos a la brasa de carbón. Foto: Rafa Salom</p></div>
<p>Pero aquí resulta injusto utilizar el término &#8220;gente&#8221;, no al menos, como un plural idéntico de seres que aquí se rompe en mil pedazos y más tarde se vuelve a unir, pero otorgando a cada uno una riqueza singular. A algunos puede parecerles un ataque verbal desmesurado, pero es tan sólo una forma de abrirse paso en la vida, sin dejarse atosigar por los gobiernos que les pisotean, y apenas les brindan oportunidades.</p>
<p>Concluyo esta primera parte advirtiendo que en muchas ocasiones la belleza y la curiosidad de las imágenes que vemos puede hacer que queramos compartirlas con familiares y amigos haciendo fotos. No hay problema, si se tiene un pequeño límite: la educación. Así que recuerdo que (como en todos los países que visitemos) pedir siempre permiso a la hora de realizar una fotografía o grabar en vídeo. En este caso el lenguaje es universal y evitará la aparición de situaciones desagradables.</p>
<p><strong>(Fin de la primera parte)</strong></p>
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		<title>Mi sueño es volver a Nepal. Crónica de un viajero al país de los dioses</title>
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		<pubDate>Sat, 09 May 2015 16:04:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[RAFA SALOM LIZAMA @rafa_onelife]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Que no se olvide a este pueblo amable y luchador cuando deje de salir en la televisión y que se les ayude primero a vivir, luego a reconstruir sus casas, y más tarde, si se puede, su legado histórico / Texto: Rafael Salom Lizama / StylusViajes / La primera vez que anuncié que iba a [&#8230;]<div class='yarpp-related-rss'>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Que no se olvide a este pueblo amable y luchador cuando deje de salir en la televisión y que se les ayude primero a vivir, luego a reconstruir sus casas, y más tarde, si se puede, su legado histórico</strong> / Texto: Rafael Salom Lizama / StylusViajes /</p>
<p>La primera vez que anuncié que iba a <strong>Nepal</strong>, una compañera de trabajo me recomendó visitar la residencia de la <strong>Kumari Devi</strong>, la diosa niña, un palacio de ladrillo rojo con balcones tallados de madera, que estaba en un lateral de la Plaza Durbar de <strong>Katmandú</strong>. La pequeña diosa viviente debía pasar un proceso de selección riguroso. Debía pertenecer a una casta en particular -la Newari Shakya-, no tener marcas en el cuerpo y pasar diferentes pruebas como no tener miedo a la presencia de animales muertos o fantasmas. Aunque sí lo hacía en secreto, la Kumari sólo salía de forma pública de su palacio una vez al año así que en esa ocasión, aunque lo intenté, no la pude ver.</p>
<p><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2015/05/KumariNepalNews.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-16046" alt="Mi sueño es volver a Nepal. Crónica de un viajero al país de los dioses" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2015/05/KumariNepalNews.jpg" width="880" height="609" /></a>Cinco años después, por una cuestión del azar o tal vez divina, volví a intentarlo y esta vez sí: el 19 de agosto de 2009 vi con mis propios ojos a la <strong>Kumari, la reencarnación viva de la diosa Durga</strong>. Así que comprobar que, mientras pasaba la comitiva real portando a la diosa niña bajo palio, no sólo yo, sino miles de personas comenzamos a levitar de emoción, fue sólo un detalle sin importancia. No en vano, era la primera diosa viva que veían mis ojos. Hoy Durbar Square ya no existe, o al menos, ese lugar mágico, donde los palacios, pagodas y templos, algunos del siglo XII, te transportaban de inmediato a otra época y, si se me permite, a otro estado de espiritualidad.</p>
<p><strong>Tantos templos como casas, tantos dioses como habitantes</strong></p>
<p>Puede que resulte difícil de entender que comience una crónica tan trágica hablando de dioses, pero no lo será tanto si se tiene en cuenta que en Nepal, único país hinduista del mundo, conviven más de treinta y tres millones de divinidades, más que habitantes -veintiocho millones-. Quien haya visitado esta tierra se dará cuenta de que la religión está en todas partes y rige el devenir diario de cada acto de los nepalíes. Tal vez por ello, la tragedia que azotó Nepal el 25 de abril en forma de terremoto es todavía más terrible si cabe. Se calcula que son más de siete mil las víctimas mortales del terremoto y más de catorce mil los heridos. Y al dolor de la pérdida de los seres queridos estos habitantes serenos y de sonrisa franca han de unir la destrucción de la mayoría de sus templos y centros de culto, que es su más preciado tesoro, ése que les permite vivir en contacto diario con sus dioses.</p>
<p>En Nepal, así como en la India, el sentimiento religioso tiene una presencia tan palpable que puede llegar a impresionar al viajero que no esté acostumbrado a devociones callejeras y actos de culto aparentemente inexplicables. Aquí nació el hinduismo y el budismo, y en ocasiones estás dos religiones se entrelazan de tal forma que crean una mezcla difícil de diferenciar. Los budistas, cuyo creador Siddharta Gautama, Buda, nació en la población nepalí de Lumbini, mantienen que los tres principales dioses hindúes, Brahma, Shiva y Visnú fueron originados por el propio Buda; mientras que los hindúes afirman que Buda es la novena encarnación de Visnú. Estas dos religiones conviven en total armonía con los católicos y los musulmanes que son colectivos muy minoritarios.</p>
<p><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2015/05/01_g.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-16038" alt="Mi sueño es volver a Nepal, www.globalstylus.com, www.stylusviajes.com" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2015/05/01_g.jpg" width="800" height="600" /></a>A mucha gente le asombra cómo después de saber que el terremoto ha afectado a 8 millones de nepalíes, que un millón y medio necesitan ayuda urgente para poder comer y que se han destruido más de la mitad de las casas, no haya habido hasta ahora ningún estallido violento y el comportamiento de la población haya sido ejemplar. Modestamente, creo que, de nuevo, tenemos que volver la mirada a estas dos religiones basadas en la tolerancia y el respeto. Según dicen los hindúes “la verdad tiene varios nombres, pero puede que existan otras verdades”, en alusión a la existencia de un dios y de las miles de representaciones de los mismos.</p>
<p>Tanto budistas (cuya corriente mayoritaria es la tibetana) como hindúes creen en la reencarnación aunque bajo diferentes concepciones. Para los hindúes el alma es inmortal, así que cuando alguien muere entra en otro cuerpo donde podrá resolver las cuestiones que no hubiera podido solucionar en este mundo. Por ello, el Karma define lo que uno obtendrá en la siguiente vida, es decir, que buenas acciones generan un buen Karma, y malas acciones alejaran a esta persona del camino para que se salve su alma. Evidentemente, no conviene olvidar que el hinduismo también sustenta el sistema de castas que determina la vida de las personas, pero en Nepal tal diferenciación no es tan extrema ni tan visible como en la India.</p>
<p><strong><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2015/05/nepal_onu.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-16034" alt="Mi sueño es volver a Nepal, www.globalstylus.com, www.stylusviajes.com" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2015/05/nepal_onu.jpg" width="830" height="455" /></a>Katmandú, cruce de caminos</strong></p>
<p>Si <strong>Dominique Lapierre</strong> llamó a Calcuta La ciudad de la alegría, para mí esta ciudad es Katmandú. Puede que porque las dos veces que la he visitado me haya encontrado de golpe con gente acogedora, cálida, pacífica y vitalista. O puede que por pensar que éste es el único país donde se saluda con una sonrisa. Una sonrisa que ahora se ha transformado en un profundo llanto al que no están acostumbrados y al que no quieren acostumbrarse.</p>
<p>En los años sesenta y setenta la capital de Nepal fue paso obligatorio de turistas occidentales que daban rienda suelta a sus rituales iniciáticos, música psicotrópica y a su coqueteo con la heroína y marihuana (muy baratas y accesibles por aquel entonces). Katmandú formaba parte de la ruta de las tres “K”, junto con Kuta (la actual Bali) y Kabul (Agafganistán). Más tarde, el movimiento hippie dio paso a un turismo más aventurero y se convirtió en una de las entradas naturales a Asia, no sólo por ser el lugar donde surgieron el budismo y el hinduismo, sino por considerarse la <em>Puerta del Cielo</em>, y es que desde aquí, los días de claridad, es posible divisar la silueta de ocho de los catorce <em>“ochomiles”</em> que existen en el mundo. En especial desde la localidad de Nagarkot, el mejor punto para contemplar el amanecer sobre la Cordillera del Himalaya, una experiencia que aviva el sentimiento silencioso de unión con la tierra al presenciar el techo del mundo, las montañas de la nieves eternas.</p>
<p><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2015/05/15-EVEREST-globalstylus.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-16041" alt="Mi sueño es volver a Nepal, www.globalstylus.com, www.stylusviajes.com" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2015/05/15-EVEREST-globalstylus.jpg" width="880" height="427" /></a>Katmandú es parada obligatoria no sólo para los valientes que desean encaminarse al <strong>Everest</strong> (o que, como yo hice, puedan verlo mediante un vuelo en avioneta,) sino también para los que desean realizar un trekking al Annapurna a más de cuatro mil metros de altitud o los que desean visitar sus impresionantes parques naturales, como el desgraciadamente conocido como <strong>Valle de Langtang</strong>.</p>
<p>Según relatan algunos supervivientes al terremoto, en este valle<em> “la Tierra se les vino encima”</em>, y sepultó bajo el lodo, barro y rocas a centenares de personas que estaban en este lugar idílico de pastores y campesinos cuando la montaña de Lirung se desplomó sobre ellos. La mayoría de las víctimas eran refugiados tibetanos que vivían en tiendas de campaña o, los más afortunados, en casas hechas de piedras y barro. El otro grupo de víctimas más numeroso lo formaban turistas que recorrían este conmovedor valle, ya que precisamente es en esta época -de abril a mayo- cuando los expertos dicen que es más seguro hacerlo. Realizar un trekking no consiste sólo en caminar por senderos que se internan en montañas inhóspitas, sino que también es la forma más directa de conocer a los nativos, sus costumbres, y también la fauna y flora local. Pasear y pararse a descansar en caseríos olvidados donde hay un pequeño hospedaje y la gente rezuma amabilidad, compartir con ellos la comida, contemplar el paso lento de los campesinos con su topi -el gorro típico nepalí- y dejarse embelesar por el ajetreo continuo de los niños y mujeres, siempre sonriendo, mientras cosechan las hortalizas que más tarde venderán en algún pequeño mercado.</p>
<p><strong><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2015/05/07_g.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-16039" alt="Mi sueño es volver a Nepal, www.globalstylus.com, www.stylusviajes.com" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2015/05/07_g.jpg" width="800" height="533" /></a>Katmandú, Bhaktapur y Patan : las tres ciudades reino</strong></p>
<p>El epicentro del terremoto se situó aproximadamente a ochenta kilómetros del Valle de Katmandú -de unos 25 km de extensión-, formado por la capital y por las ciudades vecinas de Bhaktapur y Patan. Las tres estuvieron concebidas desde su construcción, allá por los siglos XVII y XVIII, como monarquías independientes, con su propio rey, sus palacios para los cortesanos y sus templos; por eso había centenares de ellos en apenas unos kilómetros y por eso, el occidental veía en este valle un sitio legendario cuyo aroma le transportaba a una época mágica donde convivían dioses, elefantes, dragones y guerreros mitológicos.</p>
<p>Las tres ciudades tienen la misma estructura: una gran plaza que alberga los palacios reales, templos y estupas -templos budistas con estructura semiesférica- y una zona, alrededor de la plaza, de casas bajas con tallados de madera donde conviven los comerciantes artesanos, los orfebres, los vendedores de marionetas, de tangkas -las pinturas religiosas originarias del Tíbet, donde se describen Budas y otras deidades-, de pergaminos de papel de arroz y de <em>kukuris</em> -el cuchillo tradicional del ejército Gurka de la Armada Real de Nepal-, con los que tan sólo pueden ofrecer una pieza de bronce envejecido, un mandala -la representación geométrica del Universo- o un bote de bálsamo de tigre.</p>
<p>El centro neurálgico de Katmandú es el barrio de Thamel. Aquí se puede -y espero que se pueda en el futuro- encontrar de todo, hostales baratos, tiendas de ropa de montaña y de segunda mano, souvenirs de toda clase, antigüedades, puestos de comida callejeros, agencias de viajes, alquiler de materiales, restaurantes con comida vietnamita y tailandesa, pero también australiana, italiana y rusa, y numerosos bares con música en directo donde el viajero comparte sus experiencias con otros trotamundos y también con vecinos locales que quieren aprender el idioma. Los nepalíes son amables, trabajadores y muy inteligentes, y además saben que en esta ciudad de tránsito, hablar otros idiomas les puede facilitar la salida de la pobreza que, por otra parte, es la situación más extendida de la población. Una vez escuché que la llamaban la pequeña Ámsterdam de Asia, por el ambiente multicultural y amable que se respira en sus plazas y callejuelas.</p>
<p><strong><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2015/05/PatanSquare-Twitter.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-16035" alt="Mi sueño es volver a Nepal, www.globalstylus.com, www.stylusviajes.com" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2015/05/PatanSquare-Twitter.jpg" width="599" height="400" /></a>La destrucción de un legado divino</strong></p>
<p>En el valle de Katmandú existen más de cien monumentos ancestrales. Siete de ellos son Patrimonio de la Humanidad según la Unesco. De ellos, seis han quedado parcial o totalmente destruidos por el terremoto.</p>
<p>Para tener una visión a ojo de pájaro de la ciudad es necesario acudir a uno de ellos: la estupa de Swayambhunath, creada en el siglo V, que se encuentra en una colina a dos kilómetros del centro histórico y a la que se accede después de subir 365 escalones. Éste es el templo budista más importante junto con la estupa de Boudhanath. También se le conoce como el Templo de los Monos por los centenares que allí habitan. En la estupa destaca la figura central con los ojos de <em>&#8216;Buda que todo lo ve&#8217;</em>. Las estupas se recorren en el sentido horario, y los peregrinos pueden a su vez girar las ruedas de rezo rellenas de oraciones en señal de respeto. Hoy sabemos que este templo forma parte del pasado. El terremoto lo ha destrozado casi por completo.</p>
<p>También en Katmandú, la Torre Dharahara, todo un símbolo para el país, levantada en 1932, es hoy una montaña de escombros. Cerca de aquí, en la Plaza Durbar donde estaba la residencia de la Kumari, la diosa niña, y todo símbolo para el budismo, hinduismo y tantrismo es un solar donde se amontonan los cascotes. Cerca de aquí había una estatua del dios Shiva enfadado. Recuerdo que nos contaron que cuando alguien tenía una duda importante con respecto a una persona, se la traía hasta aquí y le hacía la pregunta, ya que delante de la representación de este dios era imposible mentir.</p>
<p>También ha resultado dañado el tercer lugar más importante de peregrinación para el mundo hinduista, el Templo de Pasapatinah, a orillas del río Bagmati. Aunque no es tan grande como el impresionante Ganges a su paso por Benarés, se puede contemplar la cremación de cadáveres en sus riberas, un rito sagrado para los hindúes.</p>
<p><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2015/05/PlazaDurbarPatan.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-16036" alt="Mi sueño es volver a Nepal, www.globalstylus.com, www.stylusviajes.com" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2015/05/PlazaDurbarPatan.jpg" width="880" height="587" /></a>Lo mismo ha ocurrido con la Plaza Durbar de Bhaktapur, conocida como la Joya Cultural de Nepal. En esta misma plaza Bertolucci rodó El pequeño Buda, y en cambio hoy podemos ver a través de la pantalla la desoladora imagen de niños removiendo ladrillos y trozos de piedras con sus manos por si encuentran algún objeto de valor, mientras los occidentales nos seguimos preguntando dónde estarán las excavadoras y los camiones que no vemos.</p>
<p>Aquí estaba  el templo Nyatapola, el más grande del valle. Tenía una gran escalera donde dos luchadores reales gigantes, con la fuerza de diez hombres cada uno, custodiaban la entrada. También valiosísimas eran las tallas eróticas en las molduras de muchas construcciones y que recreaban centenares de posturas sexuales. Hoy, todo esto, también está parcialmente destruido.</p>
<p>A unos cinco kilómetros de Katmandú está Patan, conocida como Latitpur -ciudad de la belleza-, y cuya plaza principal también ha quedado reducida a escombros. Era Patrimonio de la Humanidad. También han resultado dañados el Templo Boudhanath, el Templo de Manakamana -uno de los más importantes del hinduismo- y la escuela más antigua del país, la Durbar High School de estilo neoclásico.</p>
<p>No he pretendido realizar un listado de todos los edificios destruidos o dañados, pero sí de los que he podido contemplar su belleza. En estas líneas he tratado de explicar la importancia que para los nepalíes tienen sus lugares sagrados, ya que los consideran unos espacios divinos que les une con sus antepasados, con su alma y con su vida futura. Para darse cuenta de la magnitud de la tragedia bastaría con imaginarse que, de pronto, quedaran destruidas completamente la Giralda de Sevilla, la Sagrada Familia de Barcelona, el Acueducto de Segovia, la Alhambra, la Catedral de León y el Miguelete de Valencia. Y todo eso a la vez. Y todo eso en un minuto.</p>
<p>Nepal también es el país de los niños, esos que recorren sus calles y se acercan al viajero y les preguntan por su lugar de procedencia sin pedir nada a cambio. Hoy muchos de ellos han quedado huérfanos. Sin duda la mayor tragedia, siempre incomparable con cualquier daño material y que siempre tenemos que tener en nuestro pensamiento en primer lugar es la pérdida de más de siete mil vidas. Más de siete mil almas que, donde quiera que estén, se preguntaran por qué en el País de los Dioses la tierra les ha castigado de forma tan cruel.</p>
<p>Mi esperanza es que no se olvide a este pueblo amable y luchador cuando dejen de salir en la televisión y que se les ayude primero a vivir y luego a reconstruir sus casas, y más tarde, si se puede, su legado histórico. Mi sueño es volver a Nepal y que tanto su población como su vida recuperen la fuerza, el vigor y la alegría que yo recuerdo, y ayudarles en lo que pueda a que recuperen la sonrisa con al que siempre me recibieron.</p>
<p><strong>Nota del Autor: Según Unicef en Nepal hay tres millones de niños en peligro.</strong></p>
<p><strong>Estas son algunas de las ONG que están trabajando en Nepal:</strong></p>
<p><strong><a title="Acción contra el Hambre" href="https://accioncontraelhambre.org/haz_donativo.php?from=nepal" target="_blank">Acción contra el Hambre</a></strong></p>
<p><strong><a title="Comité Español de ACNUR" href="https://www.eacnur.org/emergencia/terremoto-en-nepal" target="_blank">Comité Español de ACNUR</a></strong></p>
<p><strong><a title="Cruz Roja Española" href="https://www.cruzroja.es/webCre/donativos/donativos.php?llamada=2.132.155.13860.24/05/04.2.13860" target="_blank">Cruz Roja Española</a></strong></p>
<p><strong><a title=" Farmamundi, Farmacéuticos Mundi" href="http://www.farmaceuticosmundi.org/farmamundi/index.php" target="_blank">Farmamundi, Farmacéuticos Mundi</a></strong></p>
<p><strong><a title="Oxfam Intermon" href="http://www.oxfamintermon.org/es/accion-humanitaria/emergencia/terremoto-en-nepal" target="_blank">Oxfam Intermon</a></strong></p>
<p><strong><a title="Save The Children" href="http://www.savethechildren.es/emergencia.php?id=4" target="_blank">Save The Children</a></strong></p>
<p><strong><a title="Unicef Comité Español" href="https://www.unicef.es/terremoto-nepal" target="_blank">Unicef Comité Español</a></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<div style="width: 100%; padding-top: 64%; position: relative; border-bottom: 1px solid #aaa; display: inline-block; background: rgba(255,255,255,0.9);"><iframe style="width: 100%; height: 90%; position: absolute; left: 0; top: 0; overflow: hidden;" name="Informe semanal - 02/05/15" src="http://www.rtve.es/drmn/embed/video/3113660" height="240" width="320" frameborder="0" scrolling="no"></iframe></p>
<div style="position: absolute; bottom: 0; left: 0; font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 12px; line-height: 1.833; display: inline-block; padding: 5px 0 5px 10px;"><span style="float: left; margin-right: 10px;"><img style="height: 20px; width: auto; background: transparent; padding: 0; margin: 0;" alt="" src="http://img.irtve.es/css/rtve.commons/rtve.header.footer/i/logoRTVEes.png" /></span> <a style="color: #333; font-weight: bold;" title="Informe semanal - 02/05/15" href="http://www.rtve.es/alacarta/videos/informe-semanal/informe-semanal-02-05-15/3113660/"><strong>Informe semanal &#8211; 02/05/15</strong></a></div>
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