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	<title>GlobalStylus &#187; P. PLANT</title>
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	<description>Magazín de ámbito global con información sobre vinos, viajes, gastronomía, náutica, motor y cultura.</description>
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		<title>Burgos y el Arlanza (1/3): De relajadas correrías por el valle del Arlanza</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Sep 2013 17:17:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[P. PLANT]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Burgos y el Arlanza (1/3): De relajadas correrías por el valle del Arlanza / Texto y fotos P. Plant / StylusViajes / Es agosto y estoy en Covarrubias. He llegado serpenteando por la carretera desde Lerma, donde me alojo. Quiero recorrer la comarca del Arlanza y darme un garbeo por la ciudad de Burgos, en [&#8230;]<div class='yarpp-related-rss'>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Burgos y el Arlanza (1/3): De relajadas correrías por el valle del Arlanza</strong> / Texto y fotos<strong> P. Plant</strong> / StylusViajes /</p>
<p>Es agosto y estoy en <strong>Covarrubias</strong>. He llegado serpenteando por la carretera desde Lerma, donde me alojo. Quiero recorrer la comarca del Arlanza y darme un garbeo por la ciudad de Burgos, en una semana. Hoy he comido en Casa Galín. Ensalada de escabechados y olla podrida, a la que sin pensarlo dos veces, le he puesto un diez. Después de eso, apuro un vino del Arlanza y salgo al sol de la plaza, desperezándome. El cielo se refleja en mis gafas. También un niño que cruza corriendo con una espada de madera, hace una cabriola en el aire y continúa veloz su carrera, hasta desaparecer por una esquina. Inspiro aire exageradamente, con ganas de aventuras. Me siento a tope de energía, y el aire huele a morcilla.</p>
<p>La composición de las morcillas burgalesas varía bastante. Más especiadas y algo picantes por Covarrubias, suaves y recatadas por Lerma&#8230; Aquí hacen unas muy ricas en <strong>Morcillas Milagros</strong>, que digamos que es una <em>morcillería</em>. No está muy a la vista, pero nada lejos. De las que he probado hasta ahora, me inclino por las morcillas de Milagros, que, nos cuenta, <em>“este año las tripas salen algo más delgadas”</em>. Ella sabrá.</p>
<p>En cuanto al vino, no lo encuentro tan satisfactorio, por el momento. Los vinos del Arlanza tienen su denominación de origen, con más orgullo que calidad, me parece a mí. Esta opinión debe ser ponderada en lo que vale, o sea poco. Pero también del vino que hacen las gentes para sí mismas me han hablado muy bien y ha despertado mi interés, e intentaré que me inviten por ahí, o si no ya me colaré en alguna fiesta.</p>
<div id="attachment_9716" style="width: 250px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2013/09/0.-Mensajes-por-doquier-en-Covarrubias.jpg"><img class=" wp-image-9716 " alt="Mensajes por doquier en Covarrubias" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2013/09/0.-Mensajes-por-doquier-en-Covarrubias-300x224.jpg" width="240" height="179" /></a><p class="wp-caption-text">Mensajes por doquier en Covarrubias</p></div>
<p>Admiro la arquitectura de adobe y madera de Covarrubias, y me llaman la atención los mensajes de sus habitantes, que van dejando papeles con frases en las paredes, los bancos, las ventanas. Invitan a la reflexión, o como mínimo al sentido del humor, que ya es bastante. Todo el pueblo está lleno de palabras.</p>
<p>Si Castilla tuviera denominación de origen, también sería Arlanza, porque aquí empieza todo. Con las hojas de los chopos temblando junto al río, entre lomas de cereales, águilas en el cielo y abundante caza. Una calidad armónica en los paisajes, y hombres laboriosos que construían una cultura. Luego esa cultura se haría gigante y gobernaría viejos y nuevos mundos, y terminaría siendo dilapidada también por aquí, en Lerma, donde me hospedo. En algún momento llegaremos a eso, pero no en esta jornada. De momento hace buen sol, y estamos construyendo el condado de Castilla.</p>
<div id="attachment_9717" style="width: 250px" class="wp-caption alignright"><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2013/09/1.-Kilómetro-cero-La-plaza-y-El-Galín.jpg"><img class=" wp-image-9717 " alt="Kilómetro cero: La plaza y El Galín" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2013/09/1.-Kilómetro-cero-La-plaza-y-El-Galín-300x207.jpg" width="240" height="166" /></a><p class="wp-caption-text">Kilómetro cero: La plaza y El Galín</p></div>
<p>Covarrubias tiene un par de iglesias muy majas, por decirlo a la burgalesa. Una es la Colegiata, y otra la iglesia parroquial. Ambas deben visitarse. También una muralla que se intuye y se aparece a ratos, y su muy escenográfica puerta principal, que fue el edificio del Archivo del Adelantamiento de Castilla. Me encanta cómo está apuntalada por contrafuertes, de modo inevitablemente medieval; juraría que fue una solución a problemas estructurales en el diseño renacentista, y tuvieron que echar mano de la costumbre para arreglarlo. Pertenece a ese momento donde la construcción se viste con galas de corte italiano, sin que de momento se hayan asimilado las nuevas soluciones estructurales. Es cuando algunas cosas en la fuerte Castilla empiezan a parecer, sin llegar a ser. Como vestigio de tiempos de cambio y transición, es otra de esas bisagras que hacen girar las puertas del tiempo. En todo caso, una puerta.</p>
<p>Cerca sigue imperturbable la Torre de Fernán González, edificada en el X, donde se dice que el gran conde encerró a su hija Urraca por enrollarse con un pastor. La buena mujer también anduvo venga a casarse con unos y con otros para ensanchar Castilla, por orden del mismo Fernán González. He pasado un rato pensando en ella, atrapada en un edificio tan bien planteado y ejecutado, tan rotundo. Así uno se sentirá aún peor. La infalibilidad de esa torre liquidaría la poca moral que conservara Urraca tras su condena. El pastor tañería su lira desde el otro lado del río, con la esperanza de que ella le oyera, sin conseguirlo. Y sería guapo, el pastor. Esperemos que Urraca, que tanto contribuyó a ensanchar Castilla, disfrutara de algún buen rato retozando en la hierba con él. A veces no vale la pena ser tan noble.</p>
<div id="attachment_9718" style="width: 250px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2013/09/2-El-Arlanza-a-su-paso-por-el-chiringuito.jpg"><img class=" wp-image-9718 " alt="El Arlanza a su paso por el chiringuito" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2013/09/2-El-Arlanza-a-su-paso-por-el-chiringuito-300x224.jpg" width="240" height="179" /></a><p class="wp-caption-text">El Arlanza a su paso por el chiringuito</p></div>
<p>Deberíamos ahora seguir suspirando con la historia de Kristina de Noruega, pero no tendría mucho sentido para nosotros centrarnos, ni aquí ni en ningún sitio, en lo más trillado. Sí, hay mucho gran personaje en Covarrubias : Fernán González, Chindasvinto, y otros igualmente impresionantes y a la vez divertidos, pero, ¿qué me dicen del chiringuito que hay al otro lado del río? Menudo sitio. Ahí me tomo un par de vinos más, tras atravesar las vivas aguas por una cadena de piedras que hay ancladas para el paso de peatones, sin por ello interrumpir el de los peces. Después me doy cuenta de que, o me espero un buen rato a que se evapore esta nube de vino, o me voy al agua cuando intente cruzar de nuevo. No soy ningún ágil y guapo pastor, después de todo. Más bien me identifico en estos momentos con una oveja merina.</p>
<div id="attachment_9719" style="width: 250px" class="wp-caption alignright"><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2013/09/3.-Las-lecciones-de-San-Pedro-de-Arlanza.jpg"><img class=" wp-image-9719 " alt="Las lecciones de San Pedro de Arlanza" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2013/09/3.-Las-lecciones-de-San-Pedro-de-Arlanza-300x224.jpg" width="240" height="179" /></a><p class="wp-caption-text">Las lecciones de San Pedro de Arlanza</p></div>
<p>Mi ruta continúa hacia el monasterio de <strong>San Pedro de Arlanza</strong>, que nada en su silencio de ruina y te ayuda a nadar en tu propio silencio. Como no hay nadie, se convierte en la mejor visita si lo que deseamos es acercarnos al edificio, estar cerca de la piedra tallada y sus dibujos en el aire, compararnos con ella y habitarla con humildad. Podría inventarse un dicho:<em> “Más vale ruina sola que gran visita guiada”</em>. Y podría soltar mucha verborrea al respecto de la magnífica obra que fue, sobre todo cuando de modo tan didáctico se ha ido descomponiendo a la inversa de cómo se levantó, y deja a la vista todos los recursos constructivos en marcha. No se podría asegurar si se descompone o se forma. Pero al recordarlo ahora, el mismo silencio me invade y me impide acosar al lector.</p>
<div id="attachment_9720" style="width: 250px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2013/09/4.-Ante-todo-simetría.jpg"><img class=" wp-image-9720 " alt="Ante todo, simetría" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2013/09/4.-Ante-todo-simetría-300x212.jpg" width="240" height="170" /></a><p class="wp-caption-text">Ante todo, simetría</p></div>
<p>En <strong>Santo Domingo de Silos</strong> se visita el claustro medieval y la botica dieciochesca. Los parados no pagan, siempre que lo demuestren, dice un cartelito en la entrada. Me encanta Silos doblemente, por un lado su claustro es mi favorito a priori de entre los que quiero visitar. Por otro, me viene de perlas para manifestarme contra su archiconocido ciprés. Ese ciprés al que todos sabemos que los poetas cantaban, como dice el guía, y que fue árbol del año o algo parecido en dos mil algo, a mí me perturba. En sí lo aprecio, claro, y en otra ubicación lo admiraría. Pero no ahí, no rompiendo la simetría claustral, hiriendo la pureza de las arcadas, interrumpiendo con su fálica presencia el discurso místico del círculo que fluye del diseño románico. Nunca me gustó demasiado,  y ahora que paseo por el claustro, estoy a punto de talarlo. Menos mal que me acogen los detalles y me conducen por otros derroteros. Los detalles no se pueden sentir desde lejos, ni desde los libros, ni desde internet. Son de corto alcance, de una extrañeza inasible. Se perciben desde dentro de la pequeña cúpula que forman nuestros sentidos en cada momento. Desaparecen igual que se muestran, porque sí y ya está.</p>
<div id="attachment_9721" style="width: 250px" class="wp-caption alignright"><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2013/09/5.-Detalle-de-un-músico-en-el-artesonado-de-Silos.jpg"><img class=" wp-image-9721 " alt="Detalle de un músico en el artesonado de Silos" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2013/09/5.-Detalle-de-un-músico-en-el-artesonado-de-Silos-300x224.jpg" width="240" height="179" /></a><p class="wp-caption-text">Detalle de un músico en el artesonado de Silos</p></div>
<p>En mis viajes por el Arlanza y Burgos, llamaré la atención sobre lo desafortunado que es a veces el planteamiento de los guías y las audioguías. No como una crítica hacia nadie, sino sobre lo que se supone que se debería contar al público general, o lo que se supone que la gente quiere oir. ¿No se debería hablar, en un edificio, de la arquitectura del propio edificio? ¿De por qué no se cae? ¿No se debería mencionar, al hablar sobre los capiteles románicos y sobre la concepción espacial, el principio de simetría? ¿No se debería decir algo que sirva también para otros edificios, ya que los edificios están siempre relacionados, y así se acumula entendimiento? En Silos, con media hora de visita, no daría tiempo más que para hablar sobre la simetría. Hasta el infinito. Pero se habla de las gentes pasadas y de sus grandezas y también de sus lindezas, aunque no tanto de sus flaquezas, y todo esto es muy interesante, pero menos que lo otro, que lo contiene todo.</p>
<div id="attachment_9722" style="width: 250px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2013/09/6.-En-La-Yecla-y-al-acecho.jpg"><img class=" wp-image-9722 " alt="En La Yecla y al acecho" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2013/09/6.-En-La-Yecla-y-al-acecho-300x197.jpg" width="240" height="158" /></a><p class="wp-caption-text">En La Yecla y al acecho</p></div>
<p>Salgo de Silos simétrico perdido y me enfilo por el desfiladero de <strong>La Yecla</strong> para desaliñarme un poco. Las paredes me manosean, y unos buitres me acechan desde las peñas, por si me la pego y termino agonizando en ese fondo oscuro y húmedo. Noto la energía abismal de la roca erosionada por el agua, tras las armónicas delicias de San Pedro y Silos, y los discursos de los hombres en ellas impuestos. Aquí la que habla es la montaña, de momento en voz baja, y lo saben los buitres que deben estar hambrientos.</p>
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<div id="attachment_9723" style="width: 250px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2013/09/7-Un-niño-romano-vigilando-el-paisaje.jpg"><img class=" wp-image-9723 " alt="Un niño romano vigilando el paisaje" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2013/09/7-Un-niño-romano-vigilando-el-paisaje-300x224.jpg" width="240" height="179" /></a><p class="wp-caption-text">Un niño romano vigilando el paisaje</p></div>
<p>Tras el abismo natural, me apetece de nuevo algo de civilización pero sin aspavientos, o sea, siglos del X al XV. Visito la ermita de Santa Cecilia, en <strong>Barriosuso</strong>. Llego a ella cruzando un puente, como a cada lugar que se precie en Castilla. Toma ya, el puente es romano. Y se levantó una atalaya en esos tiempos para controlar el valle, me dice el niño que me encuentro en el pórtico. Con el tiempo la ermita sustituyó a la atalaya. Creo que el niño sueña que es romano, mientras vigila el paisaje y las lejanas balas de paja desde un arco de medio punto. La ermita presenta una estética románica aplastante, tal vez demasiado aplastante para una ermita. Alrededor del XII, habría una reforma en la que echaron el resto en el pórtico. De la gracilidad mozárabe que le atribuyen, le queda poca cosa. Podríamos imaginarla. Pero no, está bien así, y en un buen sitio. No cabe duda de que nos sobrevivirá, a nosotros e incluso a Santa Cecilia.</p>
<div id="attachment_9724" style="width: 250px" class="wp-caption alignright"><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2013/09/8.-Retuerta-y-más-lecciones.jpg"><img class=" wp-image-9724 " alt="Retuerta y más lecciones" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2013/09/8.-Retuerta-y-más-lecciones-300x200.jpg" width="240" height="160" /></a><p class="wp-caption-text">Retuerta y más lecciones</p></div>
<p>Me desvío de la carretera que va de Silos a Lerma para entrar en <strong>Retuerta</strong>. Tiene mucho interés y nada de turismo. Probablemente sea el único visitante en estos momentos, y esto no pasa desapercibido para un hombre que me aborda sobre la marcha. Es un madrileño que se refugia aquí en cuanto puede, y me da una vuelta por el pueblo. Le propongo como guía, porque es espontáneo y dialogante. Me lleva entre callejuelas de casas de adobe y madera, muchas abandonadas, pero que se van llenando de historias. Por ejemplo, la de que el pueblo es aún pueblo como por milagro, y no un pantano. O de aquél personaje que una vez se llegó allí enfermo y perdido, y fue acogido, y más tarde construyó una escuela y un hospital para agradecerlo, devolviendo al pueblo lo que había recibido.</p>
<div id="attachment_9725" style="width: 189px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2013/09/9.-El-madrileño-haciéndose-preguntas-por-los-callejones.jpg"><img class=" wp-image-9725 " alt="El madrileño haciéndose preguntas por los callejones " src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2013/09/9.-El-madrileño-haciéndose-preguntas-por-los-callejones-224x300.jpg" width="179" height="240" /></a><p class="wp-caption-text">El madrileño haciéndose preguntas por los callejones</p></div>
<p>Emparento en mi viaje a Retuerta con San Pedro de Arlanza, con esa explicación involuntaria que hacen de cómo se construyen las cosas. Los derrumbes hablan de los levantamientos, y el silencio y el viento de las ilusiones perdidas. Vamos parándonos en nuestros propios encuadres casuales, comentándolos. El madrileño se dedica a la televisión y al cine, será por eso. Me muestra su hermoso caserón, de piedra y dieciochesco; lo ha hecho resplandecer de nuevo, y se siente en su interior como en un barco donde uno navega mejor las tormentas. La prueba es que allí sólo le afligen los problemillas domésticos, como la solución a una puerta que no cierra del todo bien. Y parece que si algún día se arregla, la felicidad será completa. Estar relajado ya es ser feliz, por lo menos. Pensé que lo suyo era beberse algunos vinos con el amable madrileño después del paseo, pero tuve que pirarme ipso facto, pues me esperaba una iglesia, y yo a las iglesias no las hago esperar.</p>
<p>Pero aún antes de marcharme, encuentro a la gente del pueblo en el río. Unos se bañan, algunos se tumban y otros se llevan las sillas y las mesas. Ya decía que no veía a nadie, si están todos aquí. Me siento en una piedra dentro de la corriente, con los pies sumergidos, y aspiro el frescor de la tarde. Siempre hay un río en Castilla la viejísima. Pero como el río, todo se pasa corriendo, y cuando abro los ojos ya estoy muy lejos y pensando en otra cosa.</p>
<div id="attachment_9726" style="width: 250px" class="wp-caption alignright"><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2013/09/10.-Un-ábside-que-hipnotiza.jpg"><img class=" wp-image-9726 " alt="Un ábside que hipnotiza" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2013/09/10.-Un-ábside-que-hipnotiza-300x224.jpg" width="240" height="179" /></a><p class="wp-caption-text">Un ábside que hipnotiza</p></div>
<p>Meriendo en <strong>Castrillo Solarana</strong>, pan con chorizo -no llevo camping gas para hacerme morcilla, lo tendré en cuenta otra vez-. Me pulo un par de vasitos de tinto, de paso. Acudo después a lo alto del pueblo para examinar la magnética iglesia de San Pedro. Es un edificio importante para los estudiosos del románico castellano, dada la singularidad de su cabecera. Es magnética y singular porque resulta más única al buscarle referentes. Uno se disuelve en su originalidad. Las audioguías se quedarían mudas, por falta de información. Les saldría humo por los auriculares, y emitirían pitidos de alarma y sorpresa. A mí lo que más me pone es esto, y ni corto ni perezoso me pongo a flipar mientras examino y acaricio las burlonas arquerías ciegas henchido de emoción. Pego las manos y la cara en ellas, y recorro sus traviesas molduras con los dedos. Se articulan fuera de esa armonía cósmica de los elementos decorativos del románico occidental, como si cada una contara un cuento distinto. Se percibe su individualidad por encima del conjunto. Juegan a otro juego sin salirse de la volumetría que se les exige; ¿pero cuál será?. Pienso en Siria y Tierra Santa, y en su fecundo repertorio románico con un maravilloso sustrato romano oriental. ¿Encontraría allí alguna conexión, o sólo resbalo ingenuamente sobre las pistas fantásticas de un maestro anónimo?</p>
<p>La gente está saliendo de misa, cuando empieza a ponerse el sol. Se dirigen a las bodegas, ocultas en la falda de la montaña. Me viene una brisa con olor a vino. Voy a ir tras ellos, a ver qué pasa.</p>
<div id="attachment_9715" style="width: 597px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2013/09/11.-La-peña-sale-de-misa-y-se-plantea-bajar-a-las-bodegas.jpg"><img class="size-full wp-image-9715" alt="La peña sale de misa y se plantea bajar a las bodegas" src="https://globalstylus.com/wp-content/uploads/2013/09/11.-La-peña-sale-de-misa-y-se-plantea-bajar-a-las-bodegas.jpg" width="587" height="440" /></a><p class="wp-caption-text">La peña sale de misa y se plantea bajar a las bodegas</p></div>
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		<title>Girona o el saque catalán</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Jan 2013 09:59:55 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[GIRONA O EL SAQUE CATALÁN / P. Plant / StylusViajes.com / Hace años que me invitan, por el mes de enero, a comer un pollo en un pueblo de Girona. Al hermoso animal, que pasa su distraída vida criado entre algodones, de pronto lo liquidan, lo rellenan y lo hornean durante toda una mañana para [&#8230;]<div class='yarpp-related-rss'>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>GIRONA O EL SAQUE CATALÁN</strong> / P. Plant / StylusViajes.com /</p>
<p>Hace años que me invitan, por el mes de enero, a comer un pollo en un pueblo de Girona. Al hermoso animal, que pasa su distraída vida criado entre algodones, de pronto lo liquidan, lo rellenan y lo hornean durante toda una mañana para ser el plato principal en un cumpleaños.</p>
<p>Me pilla algo lejos, la fiesta. Pero este año acepté.</p>
<p>Llegué a <strong>Caldes de Malavella</strong> desviándome desde la <em>Via Augusta</em>. Su nombre señala aguas termales, y acabé dándome un baño. Aunque un baño de diversión. Y es que conocí a mucha gente de golpe, a muchos platos y a muchos vinos. Una excitación se encadena con otra y todo sigue en un desencadenamiento general. No acertaría a describir muchos detalles.</p>
<p>Debería hablar de las antiguas termas y los modernos balnearios, de las exóticas casas burguesas de Caldes, de cómo se rellenó el pollo o de la vitalidad de los vinos que nos regaron durante largas horas. Sin embargo recuerdo con mayor claridad al futbolín, una pasión más o menos ligera que en Cataluña alcanza las urgencias de un ardor. Ahí el futbolín se vive un punto más acérrimo, como un viejo paganismo. Pero un paganismo empírico. El juego puede ser muy teórico, muy analítico. Se trata de no dejar nada al azar, porque hay una técnica depurada que mejora al azar. Mejorar al azar, querer dominar los acontecimientos, podría ser muy catalán. Pero no tengo ni idea de si lo es o no, y en una fiesta como esa aún me da más igual.</p>
<p>No había súper-jugadores en aquella fiesta. No había humilladores intratables. Así que pude dar la cara en diversas batallas de participación general, durante las primeras horas, cuando aún sigues la bola. Ahí conocí el <em>“saque catalán”</em>, una de esas técnicas que los hábiles practican con éxito. El saque catalán es una pequeña muerte enviada directamente desde la palma de la mano del rival. En el saque, la bola pasa de la mano al aire y cae a los pies de su centrocampista, que la empalma a bote pronto, fusilándote. Lo hacen muy rápido, y durante toda la tarde. Yo respondía con las menos técnicas maniobras de mover bruscamente el futbolín, provocando al azar para serme favorable, o buscando el rebote al cañonazo. Cambié de pareja hasta que ya empecé a ver doble, convirtiéndome en mi propia pareja. Lo último que recuerdo es abrir una puerta y encontrarme a un <em>caganer</em>.</p>
<p>Antes de eso me había informado con algunos invitados sobre la ciudad de Girona. Hace un par de años pasé por ahí en verano y estaba infestada de turistas, literalmente intransitable. Parece que fue cambiando algo así como se cuenta de fondo en la novela de <strong>Javier Cercas</strong> <em>&#8216;Las Leyes de la Frontera&#8217;</em>, que había leído unos meses atrás. No me había encantado la novela, pero la parte de los escenarios dejó su huella, y me alegré de recordarlo. Así entendía históricamente ese cambio, de ciudad escondida en sí misma a ciudad extrovertida, turísticamente hablando, con las ventajas y los inconvenientes que conlleva.</p>
<p>Mis alegres anfitrionas, además de proporcionarme el placer de una tarde de futbolín y saques catalanes en medio de una fiesta, me llevaron a ver la ciudad al día siguiente. Paseamos con el frío de enero junto al río y por la antigua judería. Cruzando el puente de <strong>Eiffel</strong> se me empezó a despejar la cabeza. Milagro. Atravesamos el centro observando las calles, sus edificios y sus comercios. Los comercios hablan bien sobre las calles. Los tradicionales dejan paso a los rápidos, muy identificables. Entre lo identificado y lo identificable, ¿habrá otra pugna en el progreso catalán? Tampoco lo sabemos. Y además, demos prioridad a los edificios.</p>
<p>Muy a mi pesar tuve que ser selectivo con las visitas, y elegí la catedral. La mítica nave, el Tapiz de la Creación, el Beato de Girona&#8230; Juré en silencio a Sant Feliu visitar su basílica y su tumba en la próxima ocasión. Llegamos ante la catedral, teniendo que pelear un poco antes de entrar, para que la fachada-retablo dieciochesca no acabara conmigo. Sin saber lo que precede, podría ser hasta una barrera para que cualquiera no se anime a subir tanta escalera. Es una fachada tardía, y de un clasicismo mucho más frío que armónico. Acostumbrado a las dulces fachadas-retablo de mi provincia, me sentí acosado ante ésta. También luego, en detalle. Me sentí algo radical, pero sin olvidar que peor sería falsear el pasado, arrancándola, que es lo que me pedía el cuerpo. En ese aspecto de su apariencia general, la catedral me recordó a San Pedro del Vaticano y su grosera fachada. Es curioso cómo las informaciones sobre la catedral mencionan a San Pedro. Y es que están unidas también por la ambición de sus gigantescas naves. Primer y segundo puesto, según los folletos, en anchura de nave religiosa. También habría que explicar cómo ambos edificios aportan soluciones distintas, para resolver esas ambiciones.</p>
<p>No es una comparación forzada, si pensamos que San Pedro del Vaticano y Santa María de Girona se abovedaron a la vez. Girona llevaba dos siglos abovedándose y celebrando consejos de maestros de obras, pero ya terminaba. Dos mundos estéticos avanzaban en dos direcciones. Y la de nuestra catedral, ya era una dirección sin salida. Por eso se da en Girona un canto final de la bóveda de crucería y de sus maestros. El último hito del modelo puro. Se ve bien desde fuera al enfrentar la escala gigante de los contrafuertes, tal y como se usaba en el gótico mediterráneo, y creando un volumen del edificio más geométrico y compacto al carecer de arbotantes. Los contrafuertes están embebidos en los muros en su base, formando capillas en el interior, y apuntalan firmemente los pesos en las esquinas de los tramos de bóveda, acompañando por el muro a los haces de baquetones que transmiten el peso hasta el suelo. En el interior, un sistema de pilar polistilo, de base romboidal, que lanza sus redes explicando la estructura a la vez que la forma. Una estética gótica muy pura y escolástica, en una época en la que el dramatismo de la forma se imponía ya en toda la península y Europa. Así son también las propias bóvedas, de crucería simple, flexible y adaptable a todos los tramos de la gran nave, y también de las capillas y de la compleja cabecera. A 34 metros sobre el suelo, permanecen en silencio mientras las contemplo. Los ingenieros de <strong>Eiffel</strong> que vinieron a Gerona a instalar uno de sus puentes, habrían admirado esto. Sigo un baquetón ascender hasta convertirse en nervio. Me estira la vista. Menudo saque tiene.</p>
<p>En el claustro, que pide a gritos que lo sitúes en pleno siglo XII, recuerdo a través de la dualidad de las columnas geminadas, mi propia dualidad navegando entre las brumas del vino el día anterior. Me dejo llevar por los capiteles y sus maravillas. Algunos están historiados, pero otros, florales, mantienen el gusto clásico por las hojas de acanto; o recuerdan las técnicas de trepanado del soleado sur. ¿Siempre tiene que haber mujeres lujuriosas? En la fiesta no había ninguna. Aquí tenemos a Jacob durmiendo sobre una piedra y soñando con una escalera por la que suben y bajan los ángeles del Cielo. Pero esa escalera hemos de imaginarla nosotros. Acto seguido, pero ocupando y aprovechando virtuosamente el mismo espacio en la piedra, Jacob lucha con el ángel. Resistirá sus embates durante todo un día, y el ángel terminará felicitándole. Muchacho, le dice, te lo has ganado. Entre otras cosas.</p>
<p>Desde el claustro admiramos la torre lombarda, del proyecto original del siglo XI. Actúa de contrafuerte, aunque un poco por si acaso. Tiene cerca de ella a uno de esos gigantes del futuro, y eso la libra de las mayores cargas. Parece enarcar las cejas en su danza de bandas lombardas. Describe la perfección proporcional del círculo y del cuadrado y una idea abstracta de belleza ya lejana del claustro, y de todo lo demás.</p>
<p>La ciudad está bien provista de lugares para comer. Nosotros lo hacemos en el Nou Artau, en la Plaza de la Independencia. A lo lejos, se oyen los cañones franceses y las llamadas al heroísmo. Girona está sitiada. Nos da igual, porque sabemos que no nos va a pasar nada, y además nos abren boca con unos cargols a la llauna. A esto seguirán pimientos rellenos de morcilla, pies de cerdo asados y otras excitantes animaladas. Y vino, más vino. Y qué saque tenemos.</p>
<p><strong>Restaurant Nou Artau</strong>, Tf: 972 213 746<br />
Plaça de la Independència 2, Girona</p>
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		<title>Buscando a Randy por el Cabo de Gata, Almería</title>
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		<pubDate>Sat, 15 Sep 2012 14:30:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[P. PLANT]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[PORTADA]]></category>
		<category><![CDATA[STYLUSVIAJES.COM]]></category>
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		<description><![CDATA[BUSCANDO A RANDY POR EL CABO DE GATA. P. Plant, StylusViajes. Me escondo de las noticias y de los incendios. Me pongo un panamá y apago el teléfono. Me voy a El Playazo y a la Playa de los Muertos. Y me pongo a recordar la historia de Randy. Los cielos sin fin y los [&#8230;]<div class='yarpp-related-rss'>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>BUSCANDO A RANDY POR EL CABO DE GATA.</strong><br />
P. Plant, StylusViajes.</p>
<p>Me escondo de las noticias y de los incendios. Me pongo un panamá y apago el teléfono. Me voy a El Playazo y a la Playa de los Muertos. Y me pongo a recordar la historia de <strong>Randy</strong>. </p>
<p>Los cielos sin fin y los serenos horizontes sientan de perlas, para quien llega cargado de cansancios. Ahí se disuelven las tensiones urbanas, que se venían arrastrando por todos los caminos. Y los visitantes permanecen unos días en el territorio, queriendo hacer poco más que los lagartos. En el <strong>Cabo de Gata</strong>.</p>
<p>Si te mueves sin prisa por <strong>Las Negras</strong>, <strong>Isleta del Moro</strong>, <strong>Agua Amarga</strong> o <strong>Rodalquilar</strong>, en algún momento oyes hablar de Randy. Randy esto, Randy lo otro. Randy, apodo en realidad, ya que su nombre original dejó de ejercer, llegó al Cabo de Gata hace unos 15 años. Entonces se le clasificó como escultor holandés. Después todos sabrían que las clasificaciones no valen para él. </p>
<p>Tuvo algunas débiles iniciativas profesionales, como vender sus objetos en el mercadillo de San José, organizar talleres en Níjar, o trapichear con hachís. Pero la mayor parte de su tiempo se la entregaba a los paisajes. Decía: “<em>Desanudo mi ser en ellos</em>”. Y así se pasó unos años, disolviendo su espíritu bien a gusto y exhalando frases de una abstracción cada vez más mareante. Hasta que un buen día se vistió de cow-boy y se fundió en el paisaje. </p>
<p>Un mito viviente, es lo que es. Hay quien dice haberlo visto lavándose en calas recónditas, cabalgando el llano envuelto en polvareda, o calentando café entre las rocas, como un vaquero. Yo lo vi sobre la tapia blanca de un cortijo abandonado, al atardecer. En posición vigilante, sujetando su rifle con convicción. Pero ya llegaremos a eso.</p>
<p>En este territorio al que he acudido frecuentemente en los últimos años mi centro es Rodalquilar. De este pueblo ahora tranquilo, pero de una actividad febril en el pasado, salió a finales del XIX la gran periodista y escritora Colombine, una mujer de vanguardia. Es un oasis que domina un valle polvoriento, salpicado por reuniones de palmeras y pitas, y que desemboca en el mar. Por detrás lo guardan las montañas. </p>
<p>En <strong>Rodalquilar</strong> se encuentran abandonadas las modernas minas de oro, que sugieren una descripción del futuro. Aunque si, en vez de angustiarnos con las recurrentes decadencias del futuro, miramos al pasado y tratamos de informarnos sobre él, encontramos el recuerdo de los empíricos romanos trabajando en ellas, de los cartagineses conquistándolas, de los mercaderes fenicios llegando a tratos ventajosos con los iberos a los pies de esas montañas. Y concluimos que esas montañas componen un gran tesoro geológico, y que hacen bien en protegerlas.</p>
<p>Aquella marca de los pueblos de la antigüedad en el territorio del Cabo se halla ahora enterrada bajo los siglos. Pero no faltan elementos para ensoñarse. Las abundantes torres de vigilancia de las costas, las baterías fortificadas defendiendo las playas, las sendas que conducían a los piratas berberiscos al asalto de los valles. También el Jerife Alí echándole flores a Lawrence de Arabia en la playa de Áqaba, tras lo cual prosigue un diálogo medio metafísico. Y Lee Van Cleef de negro y sonriendo como una comadreja, en algún western italiano que tantas veces nos echaron en la tele. </p>
<p>Al parecer, a Randy esta última clase de ensoñación del territorio le pegó bien fuerte. Debió sufrir una transformación definitiva en esa era de Los Albaricoques, la de un famoso duelo, o meditando frente a unas pitas en un cruce de caminos, o en el <strong>Cortijo del Fraile</strong>, una construcción histórica con leyendas propias pero en estado ruinoso. Este año, además, ya vallado por seguridad. A Randy le iluminaría algo por ahí que lo convirtió en parte del paisaje. </p>
<p>Empiezo siguiendo su pista en Las Negras, que ha dejado de ser ese lugar secreto para neohippies de la meseta, pero que tampoco ha llegado a transformarse en el modelo de turismo estándar. La construcción lo desbordó, pero no lo imaginemos como uno de esos lugares masivos con sus “equipamientos para el ocio”, que son como naves espaciales aterrizadas y espatarradas, con luces de colores y hamburgueserías. No, ahí no hay casi ni papeleras. Por eso aún es tranquilo. Por eso y porque es muy pequeño. Es verdad que parecen sobrarle muchas construcciones nuevas, pero es un buen sitio para tenerlo como base, con oferta de alquileres , un súper y un bar en la parte alta donde dan cada noche distintos pescados en función de lo que haya dado el mar. </p>
<p>Lamentablemente la playa, por la parte cercana al pueblo, está muy mal cuidada. Lo de hundir las colillas en la arena parece ser un hábito demasiado generalizado. Y entre eso y que ninguna de esas colillas podía ser de Randy, que es de los que cuidan la naturaleza, salí de allí sin dudarlo, porque ni huella quedaba de él. </p>
<p>El bar <strong>La Plaza de Fernán Pérez</strong> es fantástico. Ahí te dan tapa con cada caña, a elegir de una lista larga. Y a la sombra de su barra se pasa media mañana. O en la noche, cuando te sirven en la plaza, entre las mesas de los habituales. Los almerienses, o la gente de esa parte al menos, siempre me han parecido discretos en los gestos, moderados en la conversación y algo filosóficos. Se inspira uno a su alrededor y aprende a relajarse. </p>
<p>En ese bar me entero de que Randy ha sido visto hace dos noches, por unos cerros que cruzan la carretera de Agua Amarga, abrevando a su caballo en un aljibe. Sin ninguna prisa enfilo hacia allí mis pasos. Si encuentro a Randy, será porque he ido como debo, muy despacio. Pero miro al cielo y en unas finas nubes que se estiran creo ver un mapa. Enfilo el sentido de una nubecilla con forma de flecha, y bajando hacia el mar y en dirección contraria a mi intención inicial, llego hasta la Cala de los Toros. </p>
<p>Randy podría ser cualquiera de los tipos que retozan en la Cala de los Toros, porque van en pelotas. Pero ninguno está solo. A través del agua se ve un fondo de piedras y algas, y a los peces que nos esquivan las piernas. Algo más adentro, una corriente fría va y viene envolviendo a los buceadores. Allí cuatro niños buscan erizos de mar, y encuentran, y me los enseñan sobre las palmas de sus manos, y el mayor de los niños se come un erizo ahí mismo, y yo otro. </p>
<p>Un rato más tarde, sigo una senda que trepa por el acantilado hacia las montañas, porque la nube-flecha se ha doblado hacia el interior. Sigo creyendo en esa nube, que me ha llevado hasta una cala de aguas muy entretenidas, y a compartir felices momentos infantiles. Camino por las montañas durante un par de horas hasta una amplia llanura, en la que tanto el sol como yo ya declinamos. La nube-flecha se ha ido. </p>
<p>Hay uno de esos cortijos olvidados a lo lejos. Lo apunto con el objetivo de mi cámara para observarlo más de cerca. No se ve ningún vehículo, pero sí una figura encaramada a una tapia. Lleva rifle y sombrero. Parece vigilar, querer prevenir algún peligro. Es Randy. Disparo una foto. Después el objetivo se desenfocará y Randy habrá desaparecido. Tendré que regresar y encontraré con facilidad el camino siguiendo el mapa de las estrellas. </p>
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