Equilibrio de tradición y modernidad. Marqués de Murrieta, Rioja

Castillo-Ygay-2001

Su nombre es fundamental en La Rioja desde que en 1850 Luciano Murrieta, militar y viticultor, comenzara a poner en práctica los consejos dados por el clérigo ilustrado Manuel Quintano cuando éste regresó de un viaje a Burdeos en 1786.

En un principio, sus nuevas técnicas no fueron viables económicamente, hasta que Murrieta las pone en práctica una vez superada la crisis económica provocada por las guerras napoleónicas. Por primera vez se invirtió en nuevas tecnologías, se cuidó la elaboración de los vinos tintos y se envejecieron en 100 barricas bordelesas de 72 litros.

Estos vinos riojanos fueron pioneros en cruzar el Atlántico. Uno de los barcos naufragó con parte de la producción antes de llegar a Veracruz, el resto llegó a La Habana, donde obtuvieron gran éxito. En ese momento comenzó la devastación del viñedo francés a causa de la Filoxera y los vinos de La Rioja iniciaron su imparable expansión. Por su labor en la obtención de vinos de calidad le fue otorgado el título de Marqués de Murrieta.

En la actualidad Vicente Dalmau Cebrián-Sagarriga Conde de Creixell es el presidente y uno de los propietarios de Bodegas Marqués de Murrieta. En 1999 se marcaron el reto de renovar el estilo de sus vinos clásicos y de hacerlos “evolucionar” sin que perdieran identidad, intentando agradar a un consumidor cosmopolita y, a la vez, al cliente de toda la vida.

Al final consiguieron incorporar mayor sensación frutal y estructura, con menor permanencia en barricas más nuevas de roble americano. Pero el factor diferencial que tienen sus vinos lo consiguen en el campo, donde practican una viticultura que restringe la producción para favorecer la calidad de la maduración de la fruta. Esto es posible porque Marqués de Murrieta es de las pocas empresas que cuentan con viñedo propio en La Rioja, más de 250 hectáreas en la Finca Ygay, próxima a la ciudad de Logroño.

El Castillo Ygay Gran Reserva de 2001 es el primero de esta etiqueta emblemática en la nueva etapa de la centenaria bodega. Está hecho con Tempranillo (93%) y con Mazuelo (Cariñena), ha permanecido 31 meses en barrica y, al menos, tres años en botella. El vino es de color granate, de capa media-alta y ribete teja. Después de decantado una hora antes de su consumo presenta una gran complejidad de aromas, con fruta roja madura y unos maravillosos terciarios, los que se producen durante una larga crianza, con matices de frutas pasificadas, ebanistería, es balsámico y licoroso. En el paladar presenta una magnífica entrada de boca, es redondo, sedoso, amable y penetrante, con una excelente acidez que mantiene todo el conjunto. Un gran vino, fino y elegante, en su momento óptimo para comenzar a disfrutarlo.

Castillo Ygay Gran Reserva 2001: 36 Euros

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