El Tresillo Amontillado Fino, Bodegas Hidalgo. Un amontillado joven para tomar en las comidas

El Tresillo Amontillado Fino, Bodegas Hidalgo.

El Tresillo Amontillado Fino, Bodegas Hidalgo. Un amontillado joven para tomar en las comidas / Texto: Luis Moreno Buj / Fotos: Bodega Emilio Hidalgo, Jerez /

Los amontillados son vinos generosos que tienen su inicio siendo los más delicados finos (Jerez, El Puerto de Santa María y Montilla Moriles) y manzanillas (Sanlúcar de Barrameda). En esta primera fase tienen una crianza biológica bajo velo flor durante unos cuantos años, hasta que se reduce o se elimina esta capa protectora que son las levaduras que crecen en su superficie. Éstas se alimentan de sus glicerinas, los vinos quedan muy secos y les aportan los matices salinos característicos.

El Tresillo Amontillado Fino, Bodegas Hidalgo.Entonces el vino se vuelve a encabezar sobre los 17º de alcohol. A partir de este momento comienza el largo camino de la crianza oxidativa al quedar en contacto directo con el aire, una senda que en muchas ocasiones no terminará nunca, debido al sistema dinámico  de soleras y criaderas en el que cada vez que se saca y embotella una pequeña parte del contenido de la fila de botas más próxima al suelo (solera) se repone con la fila superior, con lo que siempre queda algo del vino más antiguo.

El Tresillo Amontillado Fino, Bodegas Hidalgo.La familia Hidalgo, quinta generación de elaboradores en Jerez de la Frontera, vuelve a romper moldes sacando al mercado un amontillado joven especialmente pensado para acompañar las comidas, más ligero que su emblemático Amontillado Viejo El Tresillo 1874, uno de los vinos fundacionales de la bodega.

El nuevo El Tresillo Amontillado Fino es una rareza. Parte de un fino ‘especial’ de larga crianza (La Panesa), que ha permanecido siete años con velo flor, al que ha seguido un período de tres años de crianza oxidativa, por lo que es un amontillado joven. Su color es de oro viejo, ligeramente ambarino, complejo de aromas, que se van intensificando a medida que se airea el vino. Es sutilmente punzante, con suaves recuerdos a especias (vainilla), frutos secos y ebanistería. En el paladar tiene buena entrada, es sabroso, salino, amargoso y largo. Un vino para tomar a pequeños sorbos, compañero inseparable del consomé, de las chacinas y quesos curados, mariscos cocidos, carnes y pescados asados a la sal, y de los platos de caza.

No es necesario acabarse la botella de una sentada, una vez abierta dicen que se puede seguir disfrutando de su contenido durante meses, pero esto no lo he podido comprobar nunca, siempre se ha acabado antes.

El Tresillo Amontillado Fino: 26 euros

 

 

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