El poder de la arquitectura como motor del placer

El poder de la arquitectura como motor del placer

¿Cómo influye el espacio en el placer? Es una de las preguntas a las que trata de responder la exposición ‘1.000 m2 de deseo. Arquitectura y sexualidad’ que se exhibe en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). La muestra revela cómo la arquitectura ha contribuido al control de los comportamientos y a la creación de los estereotipos de género. Para ello, investiga cómo se han proyectado, construido e imaginado los espacios para el sexo en la sociedad occidental desde el siglo XVIII hasta nuestros días. StylusArt

La exposición investiga el poder de la arquitectura como motor de deseo sexual a través de un recorrido que según director del CCCB, Vicenç Villatoro, ayuda a explicar el presente, las personas y las sociedades. Y de ese recorrido que incluye 250 piezas, entre dibujos y maquetas de arquitectura, instalaciones artísticas, audiovisuales, libros y otros materiales, se muestra cómo la arquitectura ha contribuido al control de los comportamientos y a la creación de los estereotipos de género en nuestra sociedad patriarcal. De hecho, la práctica de la arquitectura ha estado dominada hasta muy recientemente por hombres y, en consecuencia, los espacios propuestos para el placer imaginados desde un deseo y una fantasía masculinos.

Para las comisarias Rosa Ferré, jefa de exposiciones del CCCB, y la arquitecta belga Adélaïde de Caters, la arquitectura, como diseño físico del espacio y como atmósfera, forma parte sustancial de nuestras fantasías. Muchos de los espacios expuestos no se han realizado nunca, solo han sido imaginados y se han construido a través del lenguaje o la imagen proyectada.

arquitecturaysexualidad6El recorrido se inicia con el capítulo Utopías sexuales, donde se muestran las propuestas especulativas de arquitectos, pensadores, artistas y comunidades que han querido incidir, a través del control del espacio, en los comportamientos sexuales. Se examinan aquí utopías sexuales del siglo XVIII como el templo del placer del arquitecto Claude-Nicolas Ledoux, el Oikema, o los espacios para las orgías eróticas y gastronómicas de Charles Fourier.

Además se presenta un gabinete Sade que investiga cómo el marqués construyó su utopía narrativa del exceso desde su pasión por la arquitectura y las artes escénicas. Reformistas o subversivas, esas arquitecturas sexuales del siglo XVIII y principios del siglo XIX establecen una cierta continuidad con utopías más contemporáneas, desde el modus vivendi de las comunidades hippies hasta la arquitectura radical de los años sesenta y setenta: Ettore Sottsass, los grupos Archigram y Superstudio, Rem Koolhaas/OMA, Haus-Rucker-Co y el Taller de Arquitectura de Ricardo Bofill.

CUADROLa exposición quiere reivindicar el visionario trabajo de Nicolas Schöffer, que en los años sesenta proyecta una ciudad utópica, la Ville Cybernétique (1955-1969), para la que diseña un Centro de Entretenimientos Sexuales. Una enorme instalación reproduce este espacio, hecho de sexo, voltios, esculturas cinéticas que bailan y perfume.

En Refugios Libertinos se analizan los refugios para el placer, desde las petites maisons de la aristocracia francesa del siglo XVIII, con estancias, decoración y mobiliario especializados, hasta los apartamentos para solteros propuestos por la revista Playboy. Muestra el papel de la arquitectura como experiencia sensorial en las estrategias de seducción y cómo la sofisticación en el diseño de artilugios constructivos y mecánicos dispara la imaginación erótica.

La exposición presenta la arquitectura de dos novelas emblemáticas en este sentido, La Petite Maison (1758), de Jean-François de Bastide, y Point de lendemain (1777), de Vivant Denon. Además, se presenta el gabinete de lectura de ficción libertina a cargo de la especialista Marie-Françoise Quignard, con novelas de Nerciat, Crébillon, Servigné, Choderlos de Laclos y Sade, entre otros autores.

arquitecturaysexualidad2La exposición le dedica un capítulo entero a Playboy, comisariado por Beatriz Colomina. Esta revista definió una nueva identidad para los hombres que incluía cómo debían vestirse, qué debían escuchar, qué beber, qué leer, y también dibujó el entorno en que debían vivir: con qué muebles y en qué interiores. De Frank Lloyd Wright a Mies van der Rohe, pasando por John Lautner y Ant Farm, hasta las producciones de diseño de los Eames, George Nelson, Eero Saarinen y Harry Bertoia, la arquitectura y el diseño se presentan a través de este medio como instrumento de reforma de un código de conducta. Playboy, como máquina de comunicación de enorme impacto que trata a las mujeres y los edificios como objetos de fantasía y deseo, contribuirá de manera decisiva a la transformación de «la intimidad» en espectáculo público. 

El recorrido acaba con el capítulo Sexografías, en el que se presentan algunas cartografías de las pasiones contemporáneas por medio de piezas de arquitectos y artistas y descubre espacios públicos codificados para el sexo, como parques, las propias calles o los lavabos públicos. Espacio destacado tiene la sala de cine, uno de los espacios transformados por los discursos de la revolución sexual de finales de los sesenta. Este espacio asume una progresiva sexualización, hasta acoger la primera pornografía cinematográfica legal. El llamado porno chic, que aparece en Estados Unidos en los primeros setenta, abre los ámbitos de consumo pornográfico al ojo femenino e imagina una experiencia de visionado colectivo que se mantendrá hasta mediados de los años ochenta, momento en que la tecnología del vídeo desplazará el porno a los hogares. La exposición presenta una sala de cine porno prototípica de los años setenta, donde se proyectan secuencias de las películas míticas de este género.

arquitecturaysexualidad3Tanbién están presentes establecimientos de encuentro sexual (del resort de lujo al burdel, el club de carretera, las saunas y el cuarto oscuro gay, de las discotecas y bares a la mazmorra, los espacios BDSM y los sex shops); sistemas sociales altamente ritualizados, ámbitos donde iniciación y transgresión actúan como motor del deseo: una iluminación determinada, el olor, la música forman parte de esta arquitectura informal.

arquitecturaysexualidad8Pero ¿cuáles son los espacios para el sexo hoy en día? Sin duda, el ciberespacio tiene una importancia creciente: desde el porno en internet hasta apps de encuentros sexuales para todos los gustos. El deseo en el siglo XXI es el deseo de los otros, expresado mediante el reconocimiento y la competencia por la representación. Del selfie a Instagram, estamos obligados a resultar sexis y a mostrar felicidad; internet impone una laboriosa construcción de la imagen de la vida privada. La sociedad parece sumirse en una depresión narcisista en que internet funciona como una máquina masturbadora. 

La exposición, que se puede visitar hasta el 19 de marzo, cuenta con préstamos de prestigiosas instituciones internacionales, como Frac Turbulence Orléans, el departamento de arquitectura del MoMA de Nueva York, la Bibliothèque Nationale de France (BNF) y la Biblioteca Nacional de España (BNE), e incluye piezas procedentes de las colecciones de los propios arquitectos, que han participado en el proyecto con enorme generosidad.

 

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